El Hijo del Guardabosque - Juvencio Valle


VI

Treinta años en este laberinto a pie ligero
de vaivén en vaivén, de zozobra en zozobra:
por colina y colina de verde a verde voy:
la mano en el bolsillo y el silbo ensimismado,
huyendo de poblados, de iglesias y cuarteles
como un bandolero temeroso y hermoso.

Comiendo de soslayo mi pequeño pan bíblico,
sin conocer correos, retenes, intendencias;
enteramente
sin nombre, sin prestigio, sin títulos camino
como pez debatido de baranda en baranda.

Por aguas y por rieles. Por puentes suspendidos.
Por coches vacilantes, como la luz pasando
por el musgo sin huellas. Por recodos fluviales.
Por auroras dormidas levantándose apenas.
Por mundos desvelados. Por máximos extremos.
Por flujos y reflujos y de lumbre a deslumbre.

Y yo mismo me contemplo a pie desnudo
rondando por la selva. Verde el pelo caído,
el pecho florecido de líquenes. Las manos
como zarcillos ágiles.
como la hoja suelta que el viento arremolina.
El talón movedizo
como la hoja suelta que el viento arremolina.

Tanto rodar y rodar tierras, cubierto
de celestial rocío. Del perfumado polen
que los ámbitos llena. Tanto llevar consigo
mi cortejo de astros. Esas yemas latentes
que como un sueño espeso me signan y coronan;
ese sol poderoso que mi historial alumbra.


Juvencio Valle

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