Diez veces
abre y cierra
ruidoso
la vieja puerta
el viento.
Abbas Kiarostami
Amo lo que me asombra y no me asombra:
la luz preclara, la nocturna sombra;
El cantar de una boca
cuando la frente de la amada toca,
y el rumoreo de hojas y de seda
que en pos del paso de una joven queda.
Amo el golpe del hacha en la montaña
y el canto de la esposa en la cabaña;
amo el chisporroteo de la leña
en el hogar donde el labriego sueña
con ver una explosión de espigas rubias
en pos de las tristezas y las lluvias;
Las tardas oraciones
que elevan los lejanos esquilones
desde el alero
en que piensa el sombrío campanero.
Amo la melancólica elegía
de la hojarasca en la alameda umbría.
Amo la tarde,
la mustia estrella,
la rima que arde
y la plácida luz que cae de ella.
Amo lo que florece, lo que anida
en el inmenso campo de la vida;
amo lo que Dios pone en un murmullo:
yo lo amo porque es bello, porque es suyo.
Carlos Pezoa Véliz
Elegiré una Piedra.
Y un árbol.
Y una Nube.
Y gritaré tu nombre
hasta que el aire ciego que te lleva
me escuche.
(En voz baja).
Golpearé la pequeña ventana del rocío;
extenderé un cordaje de cáñamo y resinas;
levantaré tu lino marinero
hasta el Viento Primero de tu Signo,
para que el Mar te nombre
(En voz baja).
Te lloran: cuatro pájaros;
un agobio de niños y de títeres;
los jazmines nocturnos de un patio paraguayo.
Y una guitarra coplera.
(En voz baja).
Te llaman:
todo lo que es humilde bajo el cielo;
la inocencia de un pedazo de pan;
el puñado de sal que se derrama
sobre el mantel de un pobre;
la mirada sumisa de un caballo,
y un perro abandonado.
Y una carta.
(En voz baja).
Yo también te he llamado,
en mi noche de altura y de azahares.
(En voz baja).
Sólo tu soledad de ahora y siempre
te llamará, en la noche y en el día.
En voz alta.
Hérib Campos Cervera
Charles Bukowski
Laura, al evadirme de este mundo,
me parece que me ilumino con el resplandor celestial,
cuando tu mirada se refleja en la mía.
Sueño con aspirar las brisas etéreas,
cuando mi imagen flota en el espejo
azul celeste de tus suaves ojos.
El sonido de la lira desde las lejanías del paraíso,
el compás del arpa procedente de estrellas placenteras
me apresuro a atraer hacia mi oído embriagado,
mi musa siente la hora de los pastores,
cuando de tu boca ardiente de placer
los tonos plateados huyen a regañadientes.
Veo a los cupidos batir sus alas,
detrás de ti saltan los abetos embriagados,
como animados por el canto de las cuerdas de Orfeo,
los polos giran rápidamente a mi alrededor,
cuando en la danza giratoria tu planta
flota fugaz como la ola.
Tus miradas —cuando sonríen de amor—,
podrían insuflar vida al mármol,
dar pulso a las venas de la roca,
los sueños se convierten en seres a mi alrededor,
si tan solo pudiera leer en tus ojos:
¡Laura, mi Laura!
Cuando entonces, como levantados de sus ejes
dos astros, los cuerpos se funden en uno,
boca contra boca arde arraigada,
llueven chispas de lujuria de los ojos,
las almas, como liberadas, se encuentran
en el viento de fuego del aliento, – – –
¡Deleites atormentados, dolores paradisíacos! –
La sangre inunda con más fuerza el corazón oprimido,
como guerreros armados hacia la batalla,
la naturaleza, olvidada de la finitud,
se atreve a medirse con seres superiores,
se marea ante la marea del Aqueronte.
Aquí se cierne un descanso sobre los sentidos
La oscuridad negra ahuyenta el día,
La noche devora la fuente de la luz —
Un suave… murmullo… sordo… que se desvanece… se pierde…
Se apaga… poco a poco… en los oídos… embriagados…
Y el mundo es… la nada…
Ay, quizá mil lunas desperdiciadas
Laura, ese instante del Elíseo,
Todo enterrado en ese estrecho espacio;
Arrastrados por el éxtasis de la muerte,
Aterrizamos en otro sol,
¡Laura! Y fue un sueño.
¡Ojalá el ala de Cronos se hubiera detenido,
hipnotizada, contemplando este grupo,
como una estatua de mármol: el tiempo!
Pero, ¡ay!, en el mar de la muerte se precipitan
ola tras ola; sobre este éxtasis ya se agitan
los remolinos del olvido.
Friedrich Schiller
Entzückung an Laura
Laura, über diese Welt zu flüchten
Wähn ich, mich in Himmelsmaienglanz zu lichten,
Wenn dein Blick in meinem Blicke flimmt.
Ätherlüfte träum ich einzusaugen,
Wenn mein Bild in deiner sanften Augen
Himmelblauem Spiegel schwimmt.
Leierklang aus Paradieses Fernen,
Harfenschwung aus angenehmern Sternen
Ras ich in mein trunken Ohr zu ziehn,
Meine Muse fühlt die Schäferstunde,
Wenn von deinem wollustheißen Munde
Silbertöne ungern fliehn.
Amoretten seh ich Flügel schwingen,
Hinter dir die trunknen Fichten springen,
Wie von Orpheus Saitenruf belebt,
Rascher rollen um mich her die Pole,
Wenn im Wirbeltanze deine Sohle
Flüchtig wie die Welle schwebt.
Deine Blicke – wenn sie Liebe lächeln,
Könnten Leben durch den Marmor fächeln,
Felsenadern Pulse leihn,
Träume werden um mich her zu Wesen,
Kann ich nur in deinen Augen lesen:
Laura, Laura mein!
Wenn dann, wie gehoben aus den Achsen
Zwei Gestirn, in Körper Körper wachsen,
Mund an Mund gewurzelt brennt,
Wollustfunken aus den Augen regnen,
Seelen wie entbunden sich begegnen
In des Atems Flammenwind, – – –
Qualentzücken – Paradiesesschmerzen! –
Wilder flutet zum beklommnen Herzen,
Wie Gewapnete zur Schlacht, das Blut,
Die Natur, der Endlichkeit vergessen,
Wagts mit höhern Wesen sich zu messen,
Schwindelt ob der acherontschen Flut.
Eine Pause drohet hier den Sinnen
Schwarzes Dunkel jagt den Tag von hinnen,
Nacht verschlingt den Quell des Lichts –
Leises.. Murmeln… dumpfer… hin.. verloren..
Stirbt… allmälich.. in den trunknen… Ohren…
Und die Welt ist…. Nichts….
Ach, vielleicht verpraßte tausend Monde
Laura, die Elisiumssekunde,
All begraben in dem schmalen Raum;
Weggewirbelt von der Todeswonne,
Landen wir an einer andern Sonne,
Laura! und es war ein Traum.
O dass doch der Flügel Chronos harrte,
Hingebannt ob dieser Gruppe starrte
Wie ein Marmorbild – die Zeit!
Aber ach! ins Meer des Todes jagen
Wellen Wellen – über dieser Wonne schlagen
Schon die Strudel der Vergessenheit.
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal rüido,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
su lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado?
¿si en busca deste viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?
¡Oh monte, oh fuente, oh río,
oh secreto seguro deleitoso!
Roto casi el navío
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre, quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas sin testigo,
libre de amor de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido:
los árboles menea
con un manso rüido,
que del oro y del cetro pone olvido.
Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el Cierzo y el Abregó porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido,
de hiedra y luto eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce acordado
del plectro sabiamente meneado.
Fray Luis de León
El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los “rockets” suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra.
Canta
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece.
Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!
Gonzalo Millán