Junio, 1967

/ 12 octubre 2026 /

El verano pasado cortó mi última vena.
¿Oíste si hablaron de mi muerte,
de mi entierro silencioso y tímido?
La gran farsa es que entierren al muerto, que hablen de él, que lo lleven por las calles de la ciudad y luego
lo oculten en una fosa.
Ojalá el ataúd se derritiera como mi corazón
y desapareciera como los sueños de un niño.
¿Oíste si hablaron de mi muerte,
de ese cáliz venenoso,
de esa muerte que ansía la muerte?
Deben de haber hablado, sí.
Fuimos arrojados, yo y tu sepulturero, a la misma fosa.

Salma Khadra Jayyusi

Fin del mundo

/ 07 octubre 2026 /


Puedo repetir la frase que se llevó
tu recuerdo. Nada más sé de ti.
Esta insistente agua de palabras,
siempre creciente, va desmoronando los márgenes
de la vida que creía real.
La tierra pedregosa y fatigosa
de andar, y los árboles que me herían
los ojos con una rama delicada,
tan vivamente maligna, convincente
con la mejor prueba, la de las lágrimas,
parece que no son nada. Se van rindiendo
a la anchura gris, jaspeada
de esperma pálido, empalagoso. Todo cae
con un ruido lento y blando, y flota
sin figura, o se hunde para siempre.
Todo da sentido, sólo sentido, todo es
tal como he dicho. No sé nada de ti.


Gabriel Ferrater



Fi del món

Puc repetir la frase que s'ha endut
el teu record. No sé res més de tu.
Aquesta insistent aigua de paraules,
sempre creixent, va ensulsiant els marges
de la vida que vaig creure real.
La terra pedregosa i fatigosa
de caminar, i els arbres que em ferien
els ulls amb una branca delicada,
tan vivament maligna, convincent
amb la prova millor, la de les llàgrimes,
sembla que no són res. Es va donant
a l'amplària grisa, jaspiada
d'esperma pàl·lid, embafós. Tot cau
amb una fressa lenta i molla, i flota
sense figura, o s'enfonsa per sempre.
Tot fa sentit, només sentit, tot és
tal com ho he dit. Ja no sé res de tu.





Diez veces

/ 02 octubre 2026 /

Diez veces
abre y cierra
ruidoso
la vieja puerta
el viento.


Abbas Kiarostami

Égloga

/ 27 septiembre 2026 /

Amo lo que me asombra y no me asombra:
la luz preclara, la nocturna sombra;

El cantar de una boca
cuando la frente de la amada toca,
y el rumoreo de hojas y de seda
que en pos del paso de una joven queda.

Amo el golpe del hacha en la montaña
y el canto de la esposa en la cabaña;
amo el chisporroteo de la leña
en el hogar donde el labriego sueña
con ver una explosión de espigas rubias
en pos de las tristezas y las lluvias;

Las tardas oraciones
que elevan los lejanos esquilones
desde el alero
en que piensa el sombrío campanero.

Amo la melancólica elegía
de la hojarasca en la alameda umbría.

Amo la tarde,
la mustia estrella,
la rima que arde
y la plácida luz que cae de ella.

Amo lo que florece, lo que anida
en el inmenso campo de la vida;
amo lo que Dios pone en un murmullo:
yo lo amo porque es bello, porque es suyo.

 Carlos Pezoa Véliz

Elegiré una piedra

/ 23 septiembre 2026 /

Elegiré una Piedra.
Y un árbol.

Y una Nube.
Y gritaré tu nombre
hasta que el aire ciego que te lleva
me escuche.
(En voz baja).

Golpearé la pequeña ventana del rocío;
extenderé un cordaje de cáñamo y resinas;
levantaré tu lino marinero
hasta el Viento Primero de tu Signo,
para que el Mar te nombre
(En voz baja).

Te lloran: cuatro pájaros;
un agobio de niños y de títeres;
los jazmines nocturnos de un patio paraguayo.
Y una guitarra coplera.
(En voz baja).

Te llaman:
todo lo que es humilde bajo el cielo;
la inocencia de un pedazo de pan;
el puñado de sal que se derrama
sobre el mantel de un pobre;
la mirada sumisa de un caballo,
y un perro abandonado.
Y una carta.
(En voz baja).

Yo también te he llamado,
en mi noche de altura y de azahares.
(En voz baja).

Sólo tu soledad de ahora y siempre
te llamará, en la noche y en el día.
En voz alta.


Hérib Campos Cervera


El incendio de un sueño

/ 17 septiembre 2026 /


 
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
ha sido destruida por las llamas.
Aquella biblioteca del centro.
Con ella se fue
gran parte de mi juventud.
Estaba sentado en uno de aquellos bancos
de piedra cuando mi amigo
Baldy me preguntó:
«¿vas a alistarte en
la brigada Lincoln?».
«Claro», contesté
yo.
Pero, al darme cuenta de que yo no era un idealista político
ni un intelectual
renegué de aquella
decisión más tarde.
Yo era un lector
entonces
que iba de una sala a
otra: literatura, filosofía,
religión, incluso medicina y geología.
Muy pronto
decidí ser escritor,
pensaba que sería la salida
más fácil
y los grandes novelistas no me parecían
demasiado difíciles.
Tenía más problemas con
Hegel y con Kant.
Lo que me fastidiaba
de todos ellos
es que
les llevara tanto
lograr decir algo
lúcido y/o interesante.
Yo creía
que en eso
los sobrepasaba a todos
entonces.
Descubrí dos cosas:
a) que la mayoría de los editores creía
que todo lo que era aburrido
era profundo.
b) que yo pasaría décadas enteras
viviendo y escribiendo
antes de poder
plasmar
una frase que
se aproximara un poco
a lo que quería
decir.
Entretanto
mientras otros iban a la caza de
damas,
yo iba a la caza de viejos
libros,
era un bibliófilo, aunque
desencantado,
y eso
y el mundo
configuraron mi carácter.
Vivía en una cabaña de contrachapado
detrás de una pensión de 3 dólares y medio
a la semana
sintiéndome un
Chatterton
metido dentro de una especie de
Thomas
Wolfe.
Mi principal problema eran
los sellos, los sobres, el papel
y el vino,
mientras el mundo estaba al borde
de la Segunda Guerra Mundial.
Todavía no me había
atrapado
lo femenino, era virgen
y escribía entre 3 y
5 relatos por semana
y todos
me los devolvían, rechazados por
el New Yorker, el Harper’s,
el Atlantic Monthly.
Había leído que
Ford Madox Ford solía empapelar
el cuarto de baño
con las notas que recibía rechazando sus obras
pero yo no tenía
cuarto de baño, así que las amontonaba
en un cajón
y cuando estaba tan lleno
que apenas podía
abrirlo
sacaba todas las notas de rechazo
y las tiraba
junto con los relatos.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
seguía siendo
mi hogar
y el hogar de muchos otros
vagabundos.
Discretamente utilizábamos los
aseos
y a los únicos que
echaban de allí
era a los que
se quedaban dormidos en las
mesas
de la biblioteca; nadie ronca como un
vagabundo
a menos que sea alguien con quien estás
casado.
Bueno, yo no era realmente un
vagabundo, yo tenía tarjeta de la biblioteca
y sacaba y devolvía
libros,
montones de libros,
siempre hasta el límite de lo permitido:
Aldous Huxley, D. H. Lawrence,
E. E. Cummings, Conrad Aiken, Dos Passos, Turgénev, Gorki,
H. D., Nietzsche,
Schopenhauer,
Steinbeck,
Hemingway,
etc.
Siempre esperaba que la bibliotecaria
me dijera: «qué buen gusto tiene usted,
joven».
Pero la vieja
puta
ni siquiera sabía
quién era ella,
cómo iba a saber
quién era yo.
Pero aquellos estantes contenían
un enorme tesoro: me permitieron
descubrir
a los poetas chinos antiguos
como Tu Fu y Li Po
que son capaces de decir en un
verso más que la mayoría en
treinta o
incluso en cientos.
Sherwood Anderson debe de haberlos
leído
también.
También solía sacar y devolver
los Cantos
y Ezra me ayudó
a fortalecer los brazos si no
el cerebro.
Maravilloso lugar
la Biblioteca Pública de Los Ángeles
fue un hogar para alguien que había tenido un
hogar
infernal
arroyos demasiado anchos para saltarlos
lejos del mundanal ruido
contrapunto
el corazón es un cazador solitario
James Thurber
John Fante
Rabelais
de Maupassant
algunos no me
decían nada: Shakespeare, G. B. Shaw,
Tolstoi, Robert Frost, E Scott
Fitzgerald
Upton Sinclair me llegaba
más
que Sinclair Lewis
y consideraba a Gogol y a
Dreiser tontos
de remate
pero tales juicios provenían más
del modo en que un hombre
se ve obligado a vivir que de
su razón.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un
suicida,
un ladrón
de bancos,
un tipo
que pega a su mujer,
un carnicero o
un motorista de la policía
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo,
gracias
a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer,
aquella biblioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo
a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera mucho.
Y cuando abrí el
periódico
y leí la noticia sobre el incendio
que había destruido
la biblioteca y la mayor parte de
lo que en ella había
le dije a mi
mujer:
«yo solía pasar horas y horas
allí…».
El oficial prusiano
el atrevido muchacho de trapecio
tener y no tener
no puedes retornar a tu hogar.

 
Charles Bukowski

Éxtasis para Laura

/ 12 septiembre 2026 /


Laura, al evadirme de este mundo,
me parece que me ilumino con el resplandor celestial,
cuando tu mirada se refleja en la mía.
Sueño con aspirar las brisas etéreas,
cuando mi imagen flota en el espejo
azul celeste de tus suaves ojos.

El sonido de la lira desde las lejanías del paraíso,
el compás del arpa procedente de estrellas placenteras
me apresuro a atraer hacia mi oído embriagado,
mi musa siente la hora de los pastores,
cuando de tu boca ardiente de placer
los tonos plateados huyen a regañadientes.

Veo a los cupidos batir sus alas,
detrás de ti saltan los abetos embriagados,
como animados por el canto de las cuerdas de Orfeo,
los polos giran rápidamente a mi alrededor,
cuando en la danza giratoria tu planta
flota fugaz como la ola.

Tus miradas —cuando sonríen de amor—,
podrían insuflar vida al mármol,
dar pulso a las venas de la roca,
los sueños se convierten en seres a mi alrededor,
si tan solo pudiera leer en tus ojos:
¡Laura, mi Laura!

Cuando entonces, como levantados de sus ejes
dos astros, los cuerpos se funden en uno,
boca contra boca arde arraigada,
llueven chispas de lujuria de los ojos,
las almas, como liberadas, se encuentran
en el viento de fuego del aliento, – – –

¡Deleites atormentados, dolores paradisíacos! –
La sangre inunda con más fuerza el corazón oprimido,
como guerreros armados hacia la batalla,
la naturaleza, olvidada de la finitud,
se atreve a medirse con seres superiores,
se marea ante la marea del Aqueronte.

Aquí se cierne un descanso sobre los sentidos
La oscuridad negra ahuyenta el día,
La noche devora la fuente de la luz —
Un suave… murmullo… sordo… que se desvanece… se pierde…
Se apaga… poco a poco… en los oídos… embriagados…
Y el mundo es… la nada…

Ay, quizá mil lunas desperdiciadas
Laura, ese instante del Elíseo,
Todo enterrado en ese estrecho espacio;
Arrastrados por el éxtasis de la muerte,
Aterrizamos en otro sol,
¡Laura! Y fue un sueño.

¡Ojalá el ala de Cronos se hubiera detenido,
hipnotizada, contemplando este grupo,
como una estatua de mármol: el tiempo!
Pero, ¡ay!, en el mar de la muerte se precipitan
ola tras ola; sobre este éxtasis ya se agitan
los remolinos del olvido.


Friedrich Schiller

 

Entzückung an Laura


Laura, über diese Welt zu flüchten
Wähn ich, mich in Himmelsmaienglanz zu lichten,
Wenn dein Blick in meinem Blicke flimmt.
Ätherlüfte träum ich einzusaugen,
Wenn mein Bild in deiner sanften Augen
Himmelblauem Spiegel schwimmt.

Leierklang aus Paradieses Fernen,
Harfenschwung aus angenehmern Sternen
Ras ich in mein trunken Ohr zu ziehn,
Meine Muse fühlt die Schäferstunde,
Wenn von deinem wollustheißen Munde
Silbertöne ungern fliehn.

Amoretten seh ich Flügel schwingen,
Hinter dir die trunknen Fichten springen,
Wie von Orpheus Saitenruf belebt,
Rascher rollen um mich her die Pole,
Wenn im Wirbeltanze deine Sohle
Flüchtig wie die Welle schwebt.

Deine Blicke – wenn sie Liebe lächeln,
Könnten Leben durch den Marmor fächeln,
Felsenadern Pulse leihn,
Träume werden um mich her zu Wesen,
Kann ich nur in deinen Augen lesen:
Laura, Laura mein!

Wenn dann, wie gehoben aus den Achsen
Zwei Gestirn, in Körper Körper wachsen,
Mund an Mund gewurzelt brennt,
Wollustfunken aus den Augen regnen,
Seelen wie entbunden sich begegnen
In des Atems Flammenwind, – – –

Qualentzücken – Paradiesesschmerzen! –
Wilder flutet zum beklommnen Herzen,
Wie Gewapnete zur Schlacht, das Blut,
Die Natur, der Endlichkeit vergessen,
Wagts mit höhern Wesen sich zu messen,
Schwindelt ob der acherontschen Flut.

Eine Pause drohet hier den Sinnen
Schwarzes Dunkel jagt den Tag von hinnen,
Nacht verschlingt den Quell des Lichts –
Leises.. Murmeln… dumpfer… hin.. verloren..
Stirbt… allmälich.. in den trunknen… Ohren…
Und die Welt ist…. Nichts….

Ach, vielleicht verpraßte tausend Monde
Laura, die Elisiumssekunde,
All begraben in dem schmalen Raum;
Weggewirbelt von der Todeswonne,
Landen wir an einer andern Sonne,
Laura! und es war ein Traum.

O dass doch der Flügel Chronos harrte,
Hingebannt ob dieser Gruppe starrte
Wie ein Marmorbild – die Zeit!
Aber ach! ins Meer des Todes jagen
Wellen Wellen – über dieser Wonne schlagen
Schon die Strudel der Vergessenheit.



 

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