Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
No, mi corazón no es mayor que el mundo. Es mucho menor. En él no caben ni mis dolores. Por eso me gusta tanto narrarme. Por eso me desnudo, por eso me grito, por eso frecuento los periódicos, me expongo crudamente en las librerías: necesito de todos. Si, mi corazón es muy pequeño. Sólo ahora veo que en él no caben los hombres. Los hombres están aquí afuera, están en la calle. La calle es enorme. Mayor, mucho mayor de lo que yo esperaba. Pero tampoco en la calle caben todos los hombres. La calle es menor que el mundo. El mundo es grande. Tú sabes cómo es de grande el mundo. Conoces los navíos que llevan petróleo y libros, carne y algodón. Viste los diferentes colores de los hombres. los diferentes dolores de los hombres, sabes qué difícil es sufrir todo eso, amontonar todo eso en un sólo pecho de hombre, sin que él estalle. Cierra los ojos y olvida. Escucha el agua en el cristal, tan calma. No anuncia nada. Entre tanto se escurre en las manos ¡tan calma! Va inundando todo. ¿Renacerán las ciudades sumergidas? ¿Los hombres sumergidos, volverán? Mi corazón no sabe. Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón. Sólo ahora descubro cuán triste es ignorar ciertas cosas. (En la soledad desaprendí el lenguaje con el que se comunican los hombres). Otrora escuché a los ángeles, las sonatas, los poemas, las confesiones patéticas. Nunca escuché la voz de la gente. En verdad soy muy pobre. Otrora viajé por países imaginarios, fáciles de habitar, islas sin problemas, no obstante exhaustivas y convocando al suicidio. Mis amigos fueron a las islas. Las islas pierden a los hombres. Sin embargo algunos se salvaron y trajeron la noticia de que el mundo, el gran mundo está creciendo todos los días, entre el fuego y el amor. Entonces, mi corazón también puede crecer. Entre el amor y el fuego, entre la vida y el fuego, mi corazón crece diez metros y explota. ¡Oh vida futura! Nosotros te criaremos.
El verano pasado cortó mi última vena. ¿Oíste si hablaron de mi muerte, de mi entierro silencioso y tímido? La gran farsa es que entierren al muerto, que hablen de él, que lo lleven por las calles de la ciudad y luego lo oculten en una fosa. Ojalá el ataúd se derritiera como mi corazón y desapareciera como los sueños de un niño. ¿Oíste si hablaron de mi muerte, de ese cáliz venenoso, de esa muerte que ansía la muerte? Deben de haber hablado, sí. Fuimos arrojados, yo y tu sepulturero, a la misma fosa.
Puedo repetir la frase que se llevó tu recuerdo. Nada más sé de ti. Esta insistente agua de palabras, siempre creciente, va desmoronando los márgenes de la vida que creía real. La tierra pedregosa y fatigosa de andar, y los árboles que me herían los ojos con una rama delicada, tan vivamente maligna, convincente con la mejor prueba, la de las lágrimas, parece que no son nada. Se van rindiendo a la anchura gris, jaspeada de esperma pálido, empalagoso. Todo cae con un ruido lento y blando, y flota sin figura, o se hunde para siempre. Todo da sentido, sólo sentido, todo es tal como he dicho. No sé nada de ti.
Gabriel Ferrater
Fi del món
Puc repetir la frase que s'ha endut el teu record. No sé res més de tu. Aquesta insistent aigua de paraules, sempre creixent, va ensulsiant els marges de la vida que vaig creure real. La terra pedregosa i fatigosa de caminar, i els arbres que em ferien els ulls amb una branca delicada, tan vivament maligna, convincent amb la prova millor, la de les llàgrimes, sembla que no són res. Es va donant a l'amplària grisa, jaspiada d'esperma pàl·lid, embafós. Tot cau amb una fressa lenta i molla, i flota sense figura, o s'enfonsa per sempre. Tot fa sentit, només sentit, tot és tal com ho he dit. Ja no sé res de tu.
Amo lo que me asombra y no me asombra: la luz preclara, la nocturna sombra;
El cantar de una boca cuando la frente de la amada toca, y el rumoreo de hojas y de seda que en pos del paso de una joven queda.
Amo el golpe del hacha en la montaña y el canto de la esposa en la cabaña; amo el chisporroteo de la leña en el hogar donde el labriego sueña con ver una explosión de espigas rubias en pos de las tristezas y las lluvias;
Las tardas oraciones que elevan los lejanos esquilones desde el alero en que piensa el sombrío campanero.
Amo la melancólica elegía de la hojarasca en la alameda umbría.
Amo la tarde, la mustia estrella, la rima que arde y la plácida luz que cae de ella.
Amo lo que florece, lo que anida en el inmenso campo de la vida; amo lo que Dios pone en un murmullo: yo lo amo porque es bello, porque es suyo.
Y una Nube. Y gritaré tu nombre hasta que el aire ciego que te lleva me escuche. (En voz baja).
Golpearé la pequeña ventana del rocío; extenderé un cordaje de cáñamo y resinas; levantaré tu lino marinero hasta el Viento Primero de tu Signo, para que el Mar te nombre (En voz baja).
Te lloran: cuatro pájaros; un agobio de niños y de títeres; los jazmines nocturnos de un patio paraguayo. Y una guitarra coplera. (En voz baja).
Te llaman: todo lo que es humilde bajo el cielo; la inocencia de un pedazo de pan; el puñado de sal que se derrama sobre el mantel de un pobre; la mirada sumisa de un caballo, y un perro abandonado. Y una carta. (En voz baja).
Yo también te he llamado, en mi noche de altura y de azahares. (En voz baja).
Sólo tu soledad de ahora y siempre te llamará, en la noche y en el día. En voz alta.