Cubierta de polvo, descalza, sentada en la tierra
entre las hileras de tiendas hechas jirones
frente a ella, un plato repartido tras una larga espera
de un comité de ayuda:
un poco de sopa en la nariz
un trozo de pan en la mano.
Un fotógrafo extranjero se acerca
para hacer una foto que resuma la miseria del campo
y que llame la atención del editor jefe de allende el mar.
Una niña de tres o cuatro años
cuyo pueblo se ahogó en ese mar
extiende su brazo derecho
hacia el alto periodista
como si señalara una estrella
para ofrecerle una rebanada de pan
suponiendo que, como ella, no había comido en tres días.
Mourid Barghouti







