Laura, al evadirme de este mundo,
me parece que me ilumino con el resplandor celestial,
cuando tu mirada se refleja en la mía.
Sueño con aspirar las brisas etéreas,
cuando mi imagen flota en el espejo
azul celeste de tus suaves ojos.
El sonido de la lira desde las lejanías del paraíso,
el compás del arpa procedente de estrellas placenteras
me apresuro a atraer hacia mi oído embriagado,
mi musa siente la hora de los pastores,
cuando de tu boca ardiente de placer
los tonos plateados huyen a regañadientes.
Veo a los cupidos batir sus alas,
detrás de ti saltan los abetos embriagados,
como animados por el canto de las cuerdas de Orfeo,
los polos giran rápidamente a mi alrededor,
cuando en la danza giratoria tu planta
flota fugaz como la ola.
Tus miradas —cuando sonríen de amor—,
podrían insuflar vida al mármol,
dar pulso a las venas de la roca,
los sueños se convierten en seres a mi alrededor,
si tan solo pudiera leer en tus ojos:
¡Laura, mi Laura!
Cuando entonces, como levantados de sus ejes
dos astros, los cuerpos se funden en uno,
boca contra boca arde arraigada,
llueven chispas de lujuria de los ojos,
las almas, como liberadas, se encuentran
en el viento de fuego del aliento, – – –
¡Deleites atormentados, dolores paradisíacos! –
La sangre inunda con más fuerza el corazón oprimido,
como guerreros armados hacia la batalla,
la naturaleza, olvidada de la finitud,
se atreve a medirse con seres superiores,
se marea ante la marea del Aqueronte.
Aquí se cierne un descanso sobre los sentidos
La oscuridad negra ahuyenta el día,
La noche devora la fuente de la luz —
Un suave… murmullo… sordo… que se desvanece… se pierde…
Se apaga… poco a poco… en los oídos… embriagados…
Y el mundo es… la nada…
Ay, quizá mil lunas desperdiciadas
Laura, ese instante del Elíseo,
Todo enterrado en ese estrecho espacio;
Arrastrados por el éxtasis de la muerte,
Aterrizamos en otro sol,
¡Laura! Y fue un sueño.
¡Ojalá el ala de Cronos se hubiera detenido,
hipnotizada, contemplando este grupo,
como una estatua de mármol: el tiempo!
Pero, ¡ay!, en el mar de la muerte se precipitan
ola tras ola; sobre este éxtasis ya se agitan
los remolinos del olvido.
Friedrich Schiller
Entzückung an Laura
Laura, über diese Welt zu flüchten
Wähn ich, mich in Himmelsmaienglanz zu lichten,
Wenn dein Blick in meinem Blicke flimmt.
Ätherlüfte träum ich einzusaugen,
Wenn mein Bild in deiner sanften Augen
Himmelblauem Spiegel schwimmt.
Leierklang aus Paradieses Fernen,
Harfenschwung aus angenehmern Sternen
Ras ich in mein trunken Ohr zu ziehn,
Meine Muse fühlt die Schäferstunde,
Wenn von deinem wollustheißen Munde
Silbertöne ungern fliehn.
Amoretten seh ich Flügel schwingen,
Hinter dir die trunknen Fichten springen,
Wie von Orpheus Saitenruf belebt,
Rascher rollen um mich her die Pole,
Wenn im Wirbeltanze deine Sohle
Flüchtig wie die Welle schwebt.
Deine Blicke – wenn sie Liebe lächeln,
Könnten Leben durch den Marmor fächeln,
Felsenadern Pulse leihn,
Träume werden um mich her zu Wesen,
Kann ich nur in deinen Augen lesen:
Laura, Laura mein!
Wenn dann, wie gehoben aus den Achsen
Zwei Gestirn, in Körper Körper wachsen,
Mund an Mund gewurzelt brennt,
Wollustfunken aus den Augen regnen,
Seelen wie entbunden sich begegnen
In des Atems Flammenwind, – – –
Qualentzücken – Paradiesesschmerzen! –
Wilder flutet zum beklommnen Herzen,
Wie Gewapnete zur Schlacht, das Blut,
Die Natur, der Endlichkeit vergessen,
Wagts mit höhern Wesen sich zu messen,
Schwindelt ob der acherontschen Flut.
Eine Pause drohet hier den Sinnen
Schwarzes Dunkel jagt den Tag von hinnen,
Nacht verschlingt den Quell des Lichts –
Leises.. Murmeln… dumpfer… hin.. verloren..
Stirbt… allmälich.. in den trunknen… Ohren…
Und die Welt ist…. Nichts….
Ach, vielleicht verpraßte tausend Monde
Laura, die Elisiumssekunde,
All begraben in dem schmalen Raum;
Weggewirbelt von der Todeswonne,
Landen wir an einer andern Sonne,
Laura! und es war ein Traum.
O dass doch der Flügel Chronos harrte,
Hingebannt ob dieser Gruppe starrte
Wie ein Marmorbild – die Zeit!
Aber ach! ins Meer des Todes jagen
Wellen Wellen – über dieser Wonne schlagen
Schon die Strudel der Vergessenheit.






