Fin del mundo

/ 07 octubre 2026 /


Puedo repetir la frase que se llevó
tu recuerdo. Nada más sé de ti.
Esta insistente agua de palabras,
siempre creciente, va desmoronando los márgenes
de la vida que creía real.
La tierra pedregosa y fatigosa
de andar, y los árboles que me herían
los ojos con una rama delicada,
tan vivamente maligna, convincente
con la mejor prueba, la de las lágrimas,
parece que no son nada. Se van rindiendo
a la anchura gris, jaspeada
de esperma pálido, empalagoso. Todo cae
con un ruido lento y blando, y flota
sin figura, o se hunde para siempre.
Todo da sentido, sólo sentido, todo es
tal como he dicho. No sé nada de ti.


Gabriel Ferrater



Fi del món

Puc repetir la frase que s'ha endut
el teu record. No sé res més de tu.
Aquesta insistent aigua de paraules,
sempre creixent, va ensulsiant els marges
de la vida que vaig creure real.
La terra pedregosa i fatigosa
de caminar, i els arbres que em ferien
els ulls amb una branca delicada,
tan vivament maligna, convincent
amb la prova millor, la de les llàgrimes,
sembla que no són res. Es va donant
a l'amplària grisa, jaspiada
d'esperma pàl·lid, embafós. Tot cau
amb una fressa lenta i molla, i flota
sense figura, o s'enfonsa per sempre.
Tot fa sentit, només sentit, tot és
tal com ho he dit. Ja no sé res de tu.





Diez veces

/ 02 octubre 2026 /

Diez veces
abre y cierra
ruidoso
la vieja puerta
el viento.


Abbas Kiarostami

Égloga

/ 27 septiembre 2026 /

Amo lo que me asombra y no me asombra:
la luz preclara, la nocturna sombra;

El cantar de una boca
cuando la frente de la amada toca,
y el rumoreo de hojas y de seda
que en pos del paso de una joven queda.

Amo el golpe del hacha en la montaña
y el canto de la esposa en la cabaña;
amo el chisporroteo de la leña
en el hogar donde el labriego sueña
con ver una explosión de espigas rubias
en pos de las tristezas y las lluvias;

Las tardas oraciones
que elevan los lejanos esquilones
desde el alero
en que piensa el sombrío campanero.

Amo la melancólica elegía
de la hojarasca en la alameda umbría.

Amo la tarde,
la mustia estrella,
la rima que arde
y la plácida luz que cae de ella.

Amo lo que florece, lo que anida
en el inmenso campo de la vida;
amo lo que Dios pone en un murmullo:
yo lo amo porque es bello, porque es suyo.

 Carlos Pezoa Véliz

Elegiré una piedra

/ 23 septiembre 2026 /

Elegiré una Piedra.
Y un árbol.

Y una Nube.
Y gritaré tu nombre
hasta que el aire ciego que te lleva
me escuche.
(En voz baja).

Golpearé la pequeña ventana del rocío;
extenderé un cordaje de cáñamo y resinas;
levantaré tu lino marinero
hasta el Viento Primero de tu Signo,
para que el Mar te nombre
(En voz baja).

Te lloran: cuatro pájaros;
un agobio de niños y de títeres;
los jazmines nocturnos de un patio paraguayo.
Y una guitarra coplera.
(En voz baja).

Te llaman:
todo lo que es humilde bajo el cielo;
la inocencia de un pedazo de pan;
el puñado de sal que se derrama
sobre el mantel de un pobre;
la mirada sumisa de un caballo,
y un perro abandonado.
Y una carta.
(En voz baja).

Yo también te he llamado,
en mi noche de altura y de azahares.
(En voz baja).

Sólo tu soledad de ahora y siempre
te llamará, en la noche y en el día.
En voz alta.


Hérib Campos Cervera


El incendio de un sueño

/ 17 septiembre 2026 /


 
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
ha sido destruida por las llamas.
Aquella biblioteca del centro.
Con ella se fue
gran parte de mi juventud.
Estaba sentado en uno de aquellos bancos
de piedra cuando mi amigo
Baldy me preguntó:
«¿vas a alistarte en
la brigada Lincoln?».
«Claro», contesté
yo.
Pero, al darme cuenta de que yo no era un idealista político
ni un intelectual
renegué de aquella
decisión más tarde.
Yo era un lector
entonces
que iba de una sala a
otra: literatura, filosofía,
religión, incluso medicina y geología.
Muy pronto
decidí ser escritor,
pensaba que sería la salida
más fácil
y los grandes novelistas no me parecían
demasiado difíciles.
Tenía más problemas con
Hegel y con Kant.
Lo que me fastidiaba
de todos ellos
es que
les llevara tanto
lograr decir algo
lúcido y/o interesante.
Yo creía
que en eso
los sobrepasaba a todos
entonces.
Descubrí dos cosas:
a) que la mayoría de los editores creía
que todo lo que era aburrido
era profundo.
b) que yo pasaría décadas enteras
viviendo y escribiendo
antes de poder
plasmar
una frase que
se aproximara un poco
a lo que quería
decir.
Entretanto
mientras otros iban a la caza de
damas,
yo iba a la caza de viejos
libros,
era un bibliófilo, aunque
desencantado,
y eso
y el mundo
configuraron mi carácter.
Vivía en una cabaña de contrachapado
detrás de una pensión de 3 dólares y medio
a la semana
sintiéndome un
Chatterton
metido dentro de una especie de
Thomas
Wolfe.
Mi principal problema eran
los sellos, los sobres, el papel
y el vino,
mientras el mundo estaba al borde
de la Segunda Guerra Mundial.
Todavía no me había
atrapado
lo femenino, era virgen
y escribía entre 3 y
5 relatos por semana
y todos
me los devolvían, rechazados por
el New Yorker, el Harper’s,
el Atlantic Monthly.
Había leído que
Ford Madox Ford solía empapelar
el cuarto de baño
con las notas que recibía rechazando sus obras
pero yo no tenía
cuarto de baño, así que las amontonaba
en un cajón
y cuando estaba tan lleno
que apenas podía
abrirlo
sacaba todas las notas de rechazo
y las tiraba
junto con los relatos.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
seguía siendo
mi hogar
y el hogar de muchos otros
vagabundos.
Discretamente utilizábamos los
aseos
y a los únicos que
echaban de allí
era a los que
se quedaban dormidos en las
mesas
de la biblioteca; nadie ronca como un
vagabundo
a menos que sea alguien con quien estás
casado.
Bueno, yo no era realmente un
vagabundo, yo tenía tarjeta de la biblioteca
y sacaba y devolvía
libros,
montones de libros,
siempre hasta el límite de lo permitido:
Aldous Huxley, D. H. Lawrence,
E. E. Cummings, Conrad Aiken, Dos Passos, Turgénev, Gorki,
H. D., Nietzsche,
Schopenhauer,
Steinbeck,
Hemingway,
etc.
Siempre esperaba que la bibliotecaria
me dijera: «qué buen gusto tiene usted,
joven».
Pero la vieja
puta
ni siquiera sabía
quién era ella,
cómo iba a saber
quién era yo.
Pero aquellos estantes contenían
un enorme tesoro: me permitieron
descubrir
a los poetas chinos antiguos
como Tu Fu y Li Po
que son capaces de decir en un
verso más que la mayoría en
treinta o
incluso en cientos.
Sherwood Anderson debe de haberlos
leído
también.
También solía sacar y devolver
los Cantos
y Ezra me ayudó
a fortalecer los brazos si no
el cerebro.
Maravilloso lugar
la Biblioteca Pública de Los Ángeles
fue un hogar para alguien que había tenido un
hogar
infernal
arroyos demasiado anchos para saltarlos
lejos del mundanal ruido
contrapunto
el corazón es un cazador solitario
James Thurber
John Fante
Rabelais
de Maupassant
algunos no me
decían nada: Shakespeare, G. B. Shaw,
Tolstoi, Robert Frost, E Scott
Fitzgerald
Upton Sinclair me llegaba
más
que Sinclair Lewis
y consideraba a Gogol y a
Dreiser tontos
de remate
pero tales juicios provenían más
del modo en que un hombre
se ve obligado a vivir que de
su razón.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un
suicida,
un ladrón
de bancos,
un tipo
que pega a su mujer,
un carnicero o
un motorista de la policía
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo,
gracias
a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer,
aquella biblioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo
a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera mucho.
Y cuando abrí el
periódico
y leí la noticia sobre el incendio
que había destruido
la biblioteca y la mayor parte de
lo que en ella había
le dije a mi
mujer:
«yo solía pasar horas y horas
allí…».
El oficial prusiano
el atrevido muchacho de trapecio
tener y no tener
no puedes retornar a tu hogar.

 
Charles Bukowski

Éxtasis para Laura

/ 12 septiembre 2026 /


Laura, al evadirme de este mundo,
me parece que me ilumino con el resplandor celestial,
cuando tu mirada se refleja en la mía.
Sueño con aspirar las brisas etéreas,
cuando mi imagen flota en el espejo
azul celeste de tus suaves ojos.

El sonido de la lira desde las lejanías del paraíso,
el compás del arpa procedente de estrellas placenteras
me apresuro a atraer hacia mi oído embriagado,
mi musa siente la hora de los pastores,
cuando de tu boca ardiente de placer
los tonos plateados huyen a regañadientes.

Veo a los cupidos batir sus alas,
detrás de ti saltan los abetos embriagados,
como animados por el canto de las cuerdas de Orfeo,
los polos giran rápidamente a mi alrededor,
cuando en la danza giratoria tu planta
flota fugaz como la ola.

Tus miradas —cuando sonríen de amor—,
podrían insuflar vida al mármol,
dar pulso a las venas de la roca,
los sueños se convierten en seres a mi alrededor,
si tan solo pudiera leer en tus ojos:
¡Laura, mi Laura!

Cuando entonces, como levantados de sus ejes
dos astros, los cuerpos se funden en uno,
boca contra boca arde arraigada,
llueven chispas de lujuria de los ojos,
las almas, como liberadas, se encuentran
en el viento de fuego del aliento, – – –

¡Deleites atormentados, dolores paradisíacos! –
La sangre inunda con más fuerza el corazón oprimido,
como guerreros armados hacia la batalla,
la naturaleza, olvidada de la finitud,
se atreve a medirse con seres superiores,
se marea ante la marea del Aqueronte.

Aquí se cierne un descanso sobre los sentidos
La oscuridad negra ahuyenta el día,
La noche devora la fuente de la luz —
Un suave… murmullo… sordo… que se desvanece… se pierde…
Se apaga… poco a poco… en los oídos… embriagados…
Y el mundo es… la nada…

Ay, quizá mil lunas desperdiciadas
Laura, ese instante del Elíseo,
Todo enterrado en ese estrecho espacio;
Arrastrados por el éxtasis de la muerte,
Aterrizamos en otro sol,
¡Laura! Y fue un sueño.

¡Ojalá el ala de Cronos se hubiera detenido,
hipnotizada, contemplando este grupo,
como una estatua de mármol: el tiempo!
Pero, ¡ay!, en el mar de la muerte se precipitan
ola tras ola; sobre este éxtasis ya se agitan
los remolinos del olvido.


Friedrich Schiller

 

Entzückung an Laura


Laura, über diese Welt zu flüchten
Wähn ich, mich in Himmelsmaienglanz zu lichten,
Wenn dein Blick in meinem Blicke flimmt.
Ätherlüfte träum ich einzusaugen,
Wenn mein Bild in deiner sanften Augen
Himmelblauem Spiegel schwimmt.

Leierklang aus Paradieses Fernen,
Harfenschwung aus angenehmern Sternen
Ras ich in mein trunken Ohr zu ziehn,
Meine Muse fühlt die Schäferstunde,
Wenn von deinem wollustheißen Munde
Silbertöne ungern fliehn.

Amoretten seh ich Flügel schwingen,
Hinter dir die trunknen Fichten springen,
Wie von Orpheus Saitenruf belebt,
Rascher rollen um mich her die Pole,
Wenn im Wirbeltanze deine Sohle
Flüchtig wie die Welle schwebt.

Deine Blicke – wenn sie Liebe lächeln,
Könnten Leben durch den Marmor fächeln,
Felsenadern Pulse leihn,
Träume werden um mich her zu Wesen,
Kann ich nur in deinen Augen lesen:
Laura, Laura mein!

Wenn dann, wie gehoben aus den Achsen
Zwei Gestirn, in Körper Körper wachsen,
Mund an Mund gewurzelt brennt,
Wollustfunken aus den Augen regnen,
Seelen wie entbunden sich begegnen
In des Atems Flammenwind, – – –

Qualentzücken – Paradiesesschmerzen! –
Wilder flutet zum beklommnen Herzen,
Wie Gewapnete zur Schlacht, das Blut,
Die Natur, der Endlichkeit vergessen,
Wagts mit höhern Wesen sich zu messen,
Schwindelt ob der acherontschen Flut.

Eine Pause drohet hier den Sinnen
Schwarzes Dunkel jagt den Tag von hinnen,
Nacht verschlingt den Quell des Lichts –
Leises.. Murmeln… dumpfer… hin.. verloren..
Stirbt… allmälich.. in den trunknen… Ohren…
Und die Welt ist…. Nichts….

Ach, vielleicht verpraßte tausend Monde
Laura, die Elisiumssekunde,
All begraben in dem schmalen Raum;
Weggewirbelt von der Todeswonne,
Landen wir an einer andern Sonne,
Laura! und es war ein Traum.

O dass doch der Flügel Chronos harrte,
Hingebannt ob dieser Gruppe starrte
Wie ein Marmorbild – die Zeit!
Aber ach! ins Meer des Todes jagen
Wellen Wellen – über dieser Wonne schlagen
Schon die Strudel der Vergessenheit.



 

Oda a la vida retirada

/ 04 septiembre 2026 /

¡Qué descansada vida 
la del que huye del mundanal rüido, 
y sigue la escondida 
senda por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido! 

Que no le enturbia el pecho 
de los soberbios grandes el estado, 
ni del dorado techo 
se admira, fabricado 
del sabio Moro, en jaspes sustentado. 

No cura si la fama 
canta con voz su nombre pregonera, 
ni cura si encarama 
su lengua lisonjera 
lo que condena la verdad sincera. 

¿Qué presta a mi contento 
si soy del vano dedo señalado? 
¿si en busca deste viento 
ando desalentado 
con ansias vivas, con mortal cuidado? 

¡Oh monte, oh fuente, oh río, 
oh secreto seguro deleitoso! 
Roto casi el navío 
a vuestro almo reposo 
huyo de aqueste mar tempestuoso. 

Un no rompido sueño, 
un día puro, alegre, libre, quiero; 
no quiero ver el ceño 
vanamente severo 
de a quien la sangre ensalza o el dinero. 

Despiértenme las aves 
con su cantar sabroso no aprendido; 
no los cuidados graves 
de que es siempre seguido 
el que al ajeno arbitrio está atenido. 

Vivir quiero conmigo, 
gozar quiero del bien que debo al cielo 
a solas sin testigo, 
libre de amor de celo, 
de odio, de esperanzas, de recelo. 

Del monte en la ladera 
por mi mano plantado tengo un huerto, 
que con la primavera 
de bella flor cubierto 
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 

Y como codiciosa 
por ver y acrecentar su hermosura, 
desde la cumbre airosa 
una fontana pura 
hasta llegar corriendo se apresura. 

Y luego sosegada 
el paso entre los árboles torciendo, 
el suelo de pasada 
de verdura vistiendo 
y con diversas flores va esparciendo. 

El aire el huerto orea, 
y ofrece mil olores al sentido: 
los árboles menea 
con un manso rüido, 
que del oro y del cetro pone olvido. 

Téngase su tesoro 
los que de un falso leño se confían; 
no es mío ver el lloro 
de los que desconfían 
cuando el Cierzo y el Abregó porfían. 

La combatida antena 
cruje, y en ciega noche el claro día 
se torna, al cielo suena 
confusa vocería, 
y la mar enriquecen a porfía. 

A mí una pobrecilla 
mesa de amable paz bien abastada 
me basta, y la vajilla 
de fino oro labrada 
sea de quien la mar no teme airada. 

Y mientras miserable- 
mente se están los otros abrasando 
con sed insaciable 
del peligroso mando, 
tendido yo a la sombra esté cantando. 

A la sombra tendido, 
de hiedra y luto eterno coronado, 
puesto el atento oído 
al son dulce acordado 
del plectro sabiamente meneado. 


Fray Luis de León


  
 

Poema 48

/ 28 agosto 2026 /

El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los “rockets” suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra.
Canta
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece.
Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!

Gonzalo Millán

Mi abuelo y el hogar

/ 22 agosto 2026 /


I
mi abuelo contaba los días del retorno con los dedos
luego utilizó piedras para llevar la cuenta
no fueron suficientes
se valió de las nubes los pájaros los amigos

la ausencia resultó demasiado larga
treinta y seis años hasta su muerte
para nosotros son más de setenta

mi abuelo perdió la memoria
olvidó la gente los números
olvidó el hogar


II

quisiera estar contigo abuelo
hubiera aprendido a escribirte
poemarios voluminosos y a pintar nuestra casa para ti
del terreno te hubiera hecho un traje
a la medida adornado de plantas
y los árboles de tu cosecha
te hubiera preparado perfume de los naranjos
y jabones de las lágrimas de la dicha del cielo
no me fue posible pensar en algo más puro
 

III
voy al cementerio todos los días
en vano busco tu sepultura
están seguros de haberte enterrado
o te convirtieron en un árbol
o tal vez te fuiste con un pájaro a la nada


IV
pongo tu retrato en un tiesto
lo riego lunes y jueves al ponerse el sol
me contaron que esos días ayunabas
durante ramadán le echo agua diariamente
treinta días seguidos
o menos o más


V
cómo de grande quieres que sea nuestra casa
puedo escribir poemas hasta que estés satisfecho
si quieres puedo anexar uno o dos planetas cercanos


VI

en esta casa no pondré demarcaciones
ni signos de puntación.


Mosab Abu Toha

Sólo él lea

/ 16 agosto 2026 /

 


Sólo lea mis poemas
quien cierto como el profeta
bogando en la nada viene
y me conoce y me quiere,

porque apareció en mis sueños
tallado en hombre el silencio
y en su corazón discurren
el tigre y la mansedumbre. 


Atilla Jozsef

Tres poemas de Saadi

/ 10 agosto 2026 /

ATAQUE POR SORPRESA
La habitación tiembla
con las distantes explosiones
Las cortinas tiemblan.
Luego el corazón
Y tú, ¿dónde estabas en medio de todo este sacudimiento?


SOLEDAD

Una mañana las vi
caminando juntas, de prisa,
y un aroma de almendras llenó la calle.
¿Serán hermanas?
Noté sus pasos de gato bien ensayados.
¿Por qué sentí el aroma de almendras siguiéndome
y que algo sabía de dos hermanas
caminando en la mañana de prisa?
Cada mañana, cuando el reloj marca las diez, me preocupo.
¿Pasarán hoy?
Ellas pasan
y yo siento el aroma de almendras
y toco el lado suave de la uña de un gato.
Luego desaparecen entre los árboles
o en la curva del camino
o en el último ángulo de mi ventana.
A veces voltean
y yo veo un hilo
que conecta mi cuarto
a todo


UNA MUJER

¿Cómo arrastraré mis pies hasta ella ahora?
¿En qué tierra habré de verla?
¿Y en cuál calle de qué ciudad?
¿Habré de preguntar por ella?
Y si encuentro su casa
(supongamos que lo haga)
¿Haré sonar el timbre?
¿Cómo deberé responder?
¿Y cómo miraré, alelado, su rostro
mientras acaricio el leve vino
escurriendo entre sus dedos¿
¿De qué modo le diría hola?
¿Y cómo removeré
el dolor de todos estos años?
Una vez
hace veinte años
en un tren con aire acondicionado
la besé
la noche entera…



Saadi Youssef


Cantares

/ 04 agosto 2026 /

XLIV
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

I
Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

XXIX
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino:
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.


Antonio Machado
de Proverbios y cantares




extras


Hace algún tiempo en ese lugar,
donde hoy los bosques se visten de espinos,
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino, se hace camino al andar».
Golpe a golpe, verso a verso…

Murió el poeta lejos del hogar,
le cubre el polvo de un país vecino,
al alejarse, le vieron llorar:
«Caminante, no hay camino, se hace camino al andar»
Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar:
«Caminante no hay camino, se hace camino al andar»
Golpe a golpe, verso a verso…


Eres visible

/ 28 julio 2026 /

Permaneces todo el tiempo en el olor de las montañas
cuando el sol se retira,
y me parece escuchar tu respiración en la frescura de la sombra
como un adiós pensativo.

De tu partida, que es como una lumbre, se condolerán estas claras imágenes
por el viento de la tarde mecidas aquí y a lo lejos;
yo te acompaño con el rumor de las hojas, miro por ti las cosas que amabas
—el alba no borrará tu paso, eres visible.

Jaime Saenz

Carta de Berlín

/ 22 julio 2026 /

1
Berlín, es de día y hace sol,
8 de marzo de 1963.
Felicidades, mujer.
He olvidado decírtelo por teléfono esta mañana,
olvido el mundo cuando oigo tu voz.
Muchas felicidades, mi amor.

2

Dentro de cuatro días estoy en Moscú.
Afortunadamente ya se acaba esta separación, regreso.
También esta separación quedará atrás, como un camino lluvioso.
Vendrán nuevas separaciones,
bajaré a otros pozos,
iré a más sitios y regresaré.
Correré a toda prisa para regresar de nuevo.
Después, ni Berlín ni Tanganica,
ya no iré a ningún sitio, a ningún sitio.
Ya no estará en mi mano volver ni en vapor ni en tren ni en avión.
Ya no llegarán cartas ni telegramas míos.
Y tampoco te telefonearé.
Ya no reirás dulcemente al oír mi voz.
Ya no recibirás noticias mías
y te quedarás sola.
Dentro de cuatro días estaré en Moscú.
En Berlín es de día y hace sol
es primavera en Moscú,
lo has dicho por teléfono.
Afortunadamente ya se acaba esta separación. Regreso.
Pero dentro de mí está la noche de la gran separación,
dentro de mí la amargura de cuando ya no me tengas,
dentro de mí tu soledad.
Soledad: pan de recuerdos que no llena,
invitación a lejanos recuerdos: soledad,
tal vez tres meses, tal vez tres años,
la soledad será tu sombra.
Dentro de cuatro días estaré en Moscú
en Moscú es primavera
lo has dicho por teléfono.

3

Dentro de cinco horas estaré junto a ti.
En Berlín, el sol entra en la habitación de mi hotel,
trinos húmedos de los pájaros
—ha llovido esta mañana—
y los tranvías
y el tiempo.
El tiempo está como detenido,
rígido, helado,
podrías cogerlo y colgarlo de un clavo,
podrías cortarlo con un cuchillo.
Es como si estuviera en la cárcel.
Y en la cárcel el más despiadado de los guardianes
es el tiempo.
Dentro de dos horas estaré en el aeropuerto.
Dentro de cinco horas en tu azul.
Dentro de cinco horas la libertad.
En las habitaciones de los hoteles, tras todos los regresos
habría que poner una estatua al inventor del avión.


Nazim Hikmet

Epilogo

/ 18 julio 2026 /



Ya cumplida la cifra de los pasos
que te fue dado andar sobre la tierra,
digo que has muerto. Yo también he muerto.
Yo, que recuerdo la precisa noche
del ignorado adiós, hoy me pregunto:
¿Qué habrá sido de aquellos dos muchachos
que hacia mil novecientos veintitantos
buscaban con ingenua fe platónica
por las largas aceras de la noche
del Sur o en la guitarra de Paredes
o en fábulas de esquina y de cuchillo
o en el alba, que no ha tocado nadie,
la secreta ciudad de Buenos Aires?
Hermano en los metales de Quevedo
y en el amor del numeroso hexámetro,
descubridor (todos entonces lo éramos)
de ese antiguo instrumento, la metáfora,
Francisco Luis, del estudioso libro,
ojalá compartieras esta vana
tarde conmigo, inexplicablemente,
y me ayudaras a limar el verso.

Jorge Luis Borges

2 poemas de Blake

/ 13 julio 2026 /

EL PEQUEÑO NIÑO PERDIDO

«Padre, padre, ¿adónde vas?
No camines tan deprisa.
Habla, padre, a tu pequeño,
Que si no estaré perdido.»

Era la noche muy negra y el padre no estaba allí,
Al niño mojó el rocío;
La ciénaga era profunda, más y más lloraba el niño:
Se esfumaron los vapores.


EL PEQUEÑO NIÑO ENCONTRADO


El pequeño niño perdido en el cenagal,
Guiado por la luz errante,
Lloraba; mas su Creador, siempre cerca,
Apareció, cual su padre, vestido de blanco.

Besó al pequeñuelo, le tomó la mano,
Lo llevó a su madre;
Ella, lívida de pena, por el valle solitario,
Llorando buscaba a su niño pequeño.


William Blake

De vuelta a casa

/ 08 julio 2026 /

Quedándome dormido en el tardío tren de la noche,
pierdo mi parada. Estoy cansado
y apenas puedo caminar escaleras arriba
al otro lado.
Pienso en el anciano que me contaba
cómo solía caminar por tres o cuatro horas
en el campo, luego se tomaba las pantorrillas
y nos preguntaba a cada uno si podíamos hacer más.
Mis piernas sienten sus piernas mientras suben.
Deambulo alrededor de la plataforma gris.
Un hombre inspecciona una colilla de cigarro
casi con actitud de estar admirado
y luego la aplasta suavemente bajo su zapato.
Un hombre y una mujer hablan de hacer
un largo viaje al Sur, tal vez inspirado
por la luna llena del desierto.
En esta estación lejana del centro
no hay atónitas estatuas 
de los Antiguos Egipcios
recordándote cómo todo está marchando mal.
Tratando de caminar por una pared
veo una fila de hormigas corriendo ferozmente
arriba y abajo a lo largo de una grieta en el cemento.
Las que se arrastran hacia abajo acarrean pequeñas piezas
de paja; las que suben apuntan a la tienda.
Sus oscuros cuerpos, brillantes bajo una luz fuerte,
se tocan mientras corren. Ninguna se aparta o se detiene.
¿Qué las impulsa, la paciencia o la esperanza?
¿No se resisten sus piernas?
El cuerpo le da un toque a la entrometida mente 
para que se ocupe de sus propios asuntos. Aguzan
sus oídos para escuchar el dulce rumor
del tren. Se anhela la cama amplia,
y la mujer ausente
para arrastrarse a su lado.

Sharif Elmusa



(Versión de Juan Carlos Villavicencio)



El pintor pereza

/ 03 julio 2026 /



Este es un artista de paleta añeja
que usa una cachimba de color coñac
y habita una buharda de ventana vieja
donde un reloj viejo masculla: tic tac...

Tendido a la larga sobre un mueble inválido,
un bostezo larga, y otro, y otro: ¡tres!
¡Diablo de muchacho, pobre diablo escuálido,
pero con modorras de viejo burgués!

Cerca de él, cigarros fingen los pinceles,
sobre la paleta de extraño color:
sus últimos toques fueron dos claveles
para un cuadro sobre cuestiones de amor.

Cerca un lápiz negro de familia Faber
enristra la punta como un alfiler;
hay tufo a sudores y olor a cadáver,
hay tufo a modorras y olor a mujer.

Juan Pereza fuma, Juan Pereza fuma
en una cachimba de color coñac,
y mira unos cuadros repletos de bruma
sobre un hecho que hubo cerca del Rimac.

El pintor no lee. La lectura agobia,
y anteojos de bruma pone en la nariz;
Juan odia los libros, ve horrible a su novia,
y todas las cosas con máscara gris.

Su mal es el mismo de los vagabundos:
fatiga, neurosis, anemia moral,
sensaciones raras, sueños errabundos
que vagan en busca de un vago ideal.

Ni piensa, ni pinta, ni el humor ingenia.
¡Qué ha de pintar, si halla todo sin color!
Tiene hipocondría, tiene neurastenia,
y hace un gesto de asco si oye hablar de amor.

Mira un cuadro antiguo sin pensar en nada,
mira el techo, el humo, las flores, el mar,
una barca inglesa que ha tiempo está anclada
y unas acuarelas a medio empezar.

De un escritorillo sobre la cubierta
un ramo de rosas chorrea placer
y una obra moderna, rasgada y abierta,
muestra sus encantos como una mujer.

El pintor no lee. La lectura agobia:
Juan Valjean es bruto, necio Tartarín;
Juan odia los libros, ve horrible a su novia
y muere en silencio, de tedio, de esplín.

Sudores espesos empapan los oros
que el lacio cabello recoge del sol,
y se abren al beso del aire los poros
del rostro manchado con tintas de alcohol.

Y mientras el meollo puebla un chiste rancio,
que dicho con gracia fuera original,
una flor de moda muere de cansancio
sobre la solapa donde está el ojal.

Hay planchas que esperan el baño potásico;
un cuadro de otoño y una mancha gris,
una oleografía de un poeta clásico
con gestos de piedra y ojuelos de miss.

Juan Pereza fuma, Juan Pereza fuma
en una cachimba de color coñac,
y enfermo incurable de una larga bruma,
oye un reloj viejo que dice: tic tac...

Ni piensa ni pinta, ni el humor ingenia.
¡Qué ha de pintar si halla todo color gris!
Tiene hipocondría, tiene neurastenia
y anteojos de brumas sobre la nariz.

Así pasa el tiempo. Solo, solo el cuarto...
Solo Juan Pereza, sin hablar. ¿De qué?
Flojo y aburrido como un gran lagarto,
muerta la esperanza, difunta la fe.

La madre está lejos. A morir empieza,
allá donde el padre sirve un puesto ad hoc;
no le escribe nunca porque la pereza
le esconde la pluma, la tinta o el block.

Hace ya diez años que en el tren nocturno
y en un vagón de última dejó la ciudad;
iba un desertado recluta de turno
y una moza flaca de marchita edad.

Un gringo de gorra pensaba, pensaba...
Luego un cigarrillo... Y otro. ¿Fuma usted?
Luego un frasco cuyo líquido apuraba
para tanta pena, para tanta sed.

¡Tanta pena, tanta! Su llanto salobre
secaba una vieja de andrajoso ajuar;
iba un mercachifle y un ratero pobre
y una lamparilla que hacía llorar.

La vida... Sus penas. ¡Chocheces de antaño!
Se sufre, se sufre. ¿Por qué? ¡Porque sí!
Se sufre, se sufre... Y así pasa un año...
y otro año... ¡Qué diablo! la vida es así...

Carlos Pezoa Véliz


31

/ 26 junio 2026 /

Yo creo que una hoja de hierba no es menos que el trabajo realizado por las estrellas,
Y que la hormiga es igualmente perfecta, y un grano de arena, y el huevo del reyezuelo,
Y que la rana arbórea es una obra maestra digna de los escogidos,
Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la articulación más insignificante de mi mano avergüenza a todas las máquinas,
Y que la vaca que pace con la cabeza baja supera a todas las estatuas,
Y que un ratoncillo es milagro suficiente para hacer vacilar a sextillones de incrédulos.
Encuentro que en mí se incorporan el gneis, la hulla, el musgo de largos filamentos, /
las frutas, los granos, las raíces comestibles,
Y que estoy estucado enteramente con cuadrúpedos y aves,
Que he tenido motivos para alejarme de lo que he dejado atrás,
Pero que puedo hacerlo volver a mí cuando yo quiera.
En vano el apresuramiento o la timidez,
En vano las rocas plutónicas envían a mi encuentro su antiguo calor,
En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de sus huesos,
En vano las cosas se alejan muchas leguas y toman multitud de formas,
En vano el océano penetra en las cavernas y en vano se esconden los grandes monstruos marinos,
En vano el buitre elige por morada el cielo,
En vano la serpiente se desliza a través de las lianas y de los troncos,
En vano el alce se refugia en los pasos recónditos del bosque,
En vano el cuervo marino se dirige al norte, hacia el Labrador,
Los sigo velozmente, subo al nido en la hendidura del peñasco.

Walt Whitman 

 

En la sombra de las cosas

/ 21 junio 2026 /


Yo prefiero quedar en la penumbra;
quedarme en el secreto de las cosas.
Me gusta introducirme en las criaturas.
Errar como una idea.
Extraño como el arte.
Anónimo,
incierto
y olvidado.
Naciendo, nuevamente,
en cada día.

Adonis

Memoria

/ 17 junio 2026 /


No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.
 
A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.
 
Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

José Emilio Pacheco

La pura verdad

/ 08 junio 2026 /

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria:
nada importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles;
enamorado de las cosas de este mundo
con inconsciencia y dolor y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría;
tuve sueños espantosos y buenos amores,
ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones;
una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora,
sin darme cuenta, voy iniciando una madurez equilibrada,
capaz de enloquecer a cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente;
mi memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño
y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado para siempre;
sé que futuro y memoria se vengarán algun día.

Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la Cenicienta,
aunque algunos me recuerden
con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad de la fama y del dinero;
las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.


Francisco "paco" Urondo

Jerusalén

/ 02 junio 2026 /

Yo estaba en Jerusalén
y salí al alba
a caminar por la ciudad y sus alrededores.
Los arcos de la Ciudad Vieja de Jerusalén son un cofre abierto
las numerosas cúpulas, los minaretes –
son un beso triste bajo el sol
si bien la vida continúa, como siempre.
Las puertas son amplias.
El periodista pavimentó el camino con sus noticias
las noticias reclamaron un muro en la tierra.
La fruta de la mañana para los viajeros en la Puerta de Damasco.
El corazón abraza sus heridas y es consolado por sus visiones.


Hanna Abu-Hanna



(versión de Juan Carlos Villavicencio)


La Despedida

/ 26 mayo 2026 /

¿Y qué será, Nathalie, de nosotros. Tú en mi
memoria, yo en la tuya como esos pobres
amantes que mientras se buscaban
de una ciudad a otra, llegaron a morir
—complacencias del narrador omnividente, tristezas
de su ingenio— justo en la misma pieza
de un hotel miserable
pero en distintas épocas del año?
Absurdo todo pensamiento, toda memoria
prematura
y particularmente dudosa
cualquier lamentación en nuestro caso;
es por una deformación profesional que me permito
este falso aullido
ávido y cauteloso a un mismo tiempo. «Todo es
triste —me escribes— y confuso,
y yo quisiera olvidarlo todo». Pero te das incluso,
entre paréntesis
el lujo de cobrarme una pequeña deuda y la palabra
adiós se diría que suena
de un modo estrictamente razonable.
El amor no perdona a los que juegan con él. No
tenemos perdón del amor, Nathalie
a pesar de tu tono razonable
y este último zumbido de la ironía, atrapada en
sí misma,
como una cigarra por los niños.
El viento nos devuelve, a ti en Bonnieux
a mí en un París que a cada instante rompe, contra
toda expectativa,
sus vagas relaciones lluviosas con el sol,
el peso exacto de nuestras palabras de las que
hicimos un mal gasto al cambiarlas por
moneda liviana, pequeñísima,
y este negocio de vivir al día no era más que,
a lo lejos, una bonita fachada
con angustiados gitanos en la trastienda.
El viento al que jugamos Nathalie, mientras
soplaba del lado de lo real, en la Camargue,
nos devuelve
—extramuros de la memoria, allí donde el mar brilla
por su ausencia
y no hay modo de estar realmente desnudo—
palmerales roídos por la arena, el sibilino rumor
de una desolación con ecos
de voces agrias que se confunden con las nuestras.
Es la canción de los gitanos, forzados
a un nuevo exilio por los caminos de Provenza
bajo ese sol del viento que se ríe a mandíbula
batiente del verano y sus pequeños negocios.
Son historias, también tristemente confusas. La
diferencia está en que nosotros bajamos
desde el primer momento el diapasón de la nuestra;
sí, gente civilizada. . . guardando, claro está,
las debidas distancias
—mi desventaja, Nathalie— entre tu tribu y la mía.
Pero Lulú es testigo del Tarot; Lulú que parece
haber nacido bajo todos los signos
del zodíaco,
antes hada madrina que rigurosa vidente,
ella lo sabe todo a ciencia incierta, tu amiga.
Nada con los romanos y sus res gestae; el porvenir
se lee bajo la inspiración
de los aerolitos, en la mano misma;
entre griegos no hay líneas decisivas; una muerte que
dice, únicamente ella,
la última palabra de lo que un hombre fue; y el
temblor en las manos, Nathalie,
el brillo o la humedad en los ojos, el deseo.


Enrique Lihn



El enigma de la vida

/ 21 mayo 2026 /

Con el vino de anoche cantando en mi cabeza
Al amanecer buscaba la taberna,
Aunque medio mundo en la cama dormía
Y el arpa y la flauta sonaban todavía,
Creando un placentero canto matutino;
Ya estaba llegando la copa de vino:
-Razón-, dije yo, «ya debías marcharte
Si quieres llegar a tu diario destino,
La santa ciudad de la intoxicación».
Así pues, la despedí y se marchó
Con una botella para los amigos del viaje.

Solo en la taberna, observé a la criada
Y quise conquistarla con mi labia,
Mas desdeñosa se volvió,
y se burló de mi ilusión.
Dijo, enarcando las cejas:
«¡Tú, blanco de toda mala lengua!
Mi cintura no rodearás,
Ni siquiera por todas tus baladas,
Mientras solo te veas a ti mismo
Como centro y fin en lo creado.
Apresa en tus redes a otro pájaro
No llegas al nido del Anka, amigo.»

Entonces me refugié de tal océano
En la buena arca del vino, mas ¡ay de mí!
Ella es de doncellas un compendio
Es Saki, camarada y trovador,
La que rechaza mi pobre corazón.
¡El ego es lo que debes superar, Hafiz!
Presta atención a la sabiduría
De la hija de la taberna; vanidoso,
Ficción de agua y barro construida
Cuidando tu belleza como un loro.

Hafiz, la vida es un enigma, abandona:
No hay otra respuesta que esta copa.

Hafiz


Tu padre se ha ido de viaje

/ 17 mayo 2026 /

Yo estaba meando
cuando me dieron
la noticia
Tenía 7 años
se me acercó un chaval,
por la espalda,
Y me lo dijo.
Así de fácil.
Luego me llamó el cura
a su despacho
-el mismo
en el que se encerraba
los domingos,
los pasteles
y la madre superiora-,
y me soltó
el rollo de rigor.
Que mi padre
no se había muerto
de verdad,
que en realidad
sólo se había ido de viaje,
y que algún día
volveríamos a vernos
a la vera de Dios.
Recuerdo que
lo de la vera
me dejó un poco mosca,
pero no dije nada,
por si acaso.
Me quedé quieto
allí,
en silencio,
esperando…,
hasta que de repente el cura
me agarró por los hombros
y me miró un rato,
a los ojos,
y me dijo que tenía que ser fuerte
en adelante
y portarme como un hombre
y no llorar.
Al día siguiente
enterraron
a mi padre.
Y esa misma tarde,
en la iglesia,
de mi barrio,
otro cura le llamó polvo,
siervo,
finado,
y no sé que chorradas
más.
Lo cierto es que acudió
mucha gente.
Y que mis tías
me acariciaron la cabeza
varias veces.
Y también
que le hice caso al cura
Y no lloré.
Sólo añadir
Que mi padre fue un buen
tipo,
un buen tipo
sin suerte.
Y que ni siquiera
tuve tiempo
de quererle.


Karmelo Iribarren

Un haiku de Basho

/ 13 mayo 2026 /


La luna de la montaña
ilumina también
a los ladrones de flores.


Matsuo Bashō


La Canción Desesperada

/ 09 mayo 2026 /

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!

Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue
           naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

Es la hora de partir. Oh abandonado! 


Pablo Neruda

 

Extendió la mano

/ 03 mayo 2026 /



Cubierta de polvo, descalza, sentada en la tierra
entre las hileras de tiendas hechas jirones
frente a ella, un plato repartido tras una larga espera
de un comité de ayuda:
un poco de sopa en la nariz
un trozo de pan en la mano.

Un fotógrafo extranjero se acerca
para hacer una foto que resuma la miseria del campo
y que llame la atención del editor jefe de allende el mar.

Una niña de tres o cuatro años
cuyo pueblo se ahogó en ese mar
extiende su brazo derecho
hacia el alto periodista
como si señalara una estrella
para ofrecerle una rebanada de pan
suponiendo que, como ella, no había comido en tres días.


Mourid Barghouti


La llave

/ 28 abril 2026 /

Dale la llave al otoño.
Háblale del río mudo en cuyo fondo
yace la sombra de los puentes de madera
desaparecidos hace muchos años.

No me has contado ninguno de tus secretos.
Pero tu mano es la llave que abre la puerta
del molino en ruinas donde duerme mi vida
entre polvo y más polvo,
y espectros de inviernos,
y los jinetes enlutados del viento
que huyen tras robar campanas
en las pobres aldeas.
Pero mis días serán nubes
para viajar por la primavera de tu cielo.
Saldremos en silencio,
sin despertar al tiempo.

Te diré que podremos ser felices.



Jorge Teillier

Los santos inocentes

/ 24 abril 2026 /

Escucha, las campanillas del heno resuenan mientras 
la carreta
de ruedas enllantadas se balancea sobre el alquitrán
y el hielo encenizado, bajo el molino de cáñamo
y el canal de los sábalos. Babeantes, los bueyes se detienen
maravillados ante las defensas de un automóvil,
y enormemente se desplazan por la colina de San Pedro.
He aquí a los no contaminados por mujer, su dolor no es
de este mundo:
el Rey Herodes grita venganza junto a las piernas
de Jesús trenzadas y tiesas en el aire.

Un rey de idiotas y de niños mudos. Más
Herodes que Herodes este mundo; y el año,
el mil novecientos cuarenta y cinco de gracia
enciende no sin fatiga y pérdidas la colina de escorias
de nuestra purificación; los bueyes se aproximan
al ruinoso cimiento de su establo,
el santo pesebre donde el lecho es maíz
y acebo que se esparce para la Navidad. Si como Jesús
bajo el yugo ellos mueren, ¿quién los llorará?
¡Cordero de pastores, Niño, cuan quieto yaces!



Robert Lowell


Escrito en una pared en el camino a Boshan

/ 20 abril 2026 /

En mi juventud no conocía el sabor de la tristeza.
Me gustaba subir a altas torres
Me gustaba subir a altas torres
y hablaba de tristeza para escribir nuevos versos.

Ahora conozco bien el sabor de la tristeza.
Quiero hablar, pero me detengo
Empiezo a hablar, pero me detengo,
solo digo: «qué otoño tan fresco y agradable».

Xin Qiji

Tema para un nocturno

/ 16 abril 2026 /

Cuando hayan salido del reloj todas las hormigas
y abran ―por fin― la puerta de la soledad,
la muerte
ya no me encontrará.

Me buscará entre los árboles, enloquecidos
por el silencio de una cosa tras otra.
No me hallará en la altiplanicie deshilada
sintiéndola en la fuente de una rosa.

Estoy partiendo el fruto del insomnio
con la mano acuchillada por el azar.
Y la casa está abierta de tal modo,
que la muerte ya no me encontrará.

Y ha de buscarme sobre los árboles y entre las nubes.
(¡Fruto y color la voz encenderá!)
Y no puedo esperarla: tengo cita
con la vida, a las luces de un cantar.

Se oyen pasos ―¿muy lejos?―... todavía
hay tiempo de escapar.
Para subir la noche sus luceros,
un hondo son de sombras cayó sobre la mar.
Ya la sangre contra el corazón se estrella.
Anoche tan claro que me puedo desnudar.
Así, cuando la muerte venga a buscarme,
mi ropa solamente encontrará.


Carlos Pellicer

A Galopar

/ 12 abril 2026 /

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!



Rafael Alberti




Confesión de un terrorista

/ 08 abril 2026 /

Ocuparon mi pais,
expulsaron a mi pueblo,
anularon mi identidad.
Y me llamaron terrorista.

Confiscaron mi propiedad,
arrancaron mis cosechas,
demolieron mi casa.
Y me llamaron terrorista.

Legislaron leyes fascistas,
instauraron el apartheid.
Destruyeron, dividieron, humillaron.
Y me llamaron terrorista.

Asesinaron mis alegrías,
secuestraron mis esperanzas,
esposaron mis sueños.
Y cuando rechacé todas las barbaries,
y decidí defenderme, ellos… 
¡Mataron un terrorista!


Mahmoud Darwish


2 poemas de Ahmad al-shahawy

/ 04 abril 2026 /


ENTRE LOS DOS TECHOS DEL CIELO

Desde pequeño en la aldea,
siempre creí que era tan bajo el techo del cielo
que podía tocarlo con la mano, cada noche,
y llenarme los bolsillos de estrellas.

Mas, desde ayer,
desde que llegué al desierto,
vi la arena tan soñadora como su vientre,
el agua tan roja como sus labios
y probé la lengua de su insomne bahía.

Ahora sé que el techo del cielo está lejos
y que mis sueños pequeños
escalaron hasta sus aguas.



DUELO POR UNA CANCIÓN

“De nada sirves –escribió-,
un camino trillado eres,
un número atado a la cola de un caballo,
una tumba fría,
abandonado en el infierno,
un árbol sin corteza en el desierto,
un hilo sin aguja,
una puerta quemada rumiando las manos que alguna vez la
han tocado,
un pájaro aterido por el derrame del sol,
letra muerta,
un libro caído del collar de una paloma,
línea aislada en busca del punto,
una montaña desnuda nadando en las nubes,
espejo oscuro abandonado por una mujer,
un duelo por una canción,
el frufrú de seda apagado”.

¿A dónde me lleva la puerta cerrada? –me pregunté-.
¿Se librarán los nombres con solo mover los hombros?
¿Se librará la coma del punto y coma?
¿Se me caerá el mundo encima?

Me acogeré otra vez al ritmo,
a un silencio heredado de mi madre,
me libraré de verte,
y se librará el alma de hablar
a una sola letra
de tu nombre.



Ahmad al-shahawy


Apegado a mí

/ 31 marzo 2026 /

Velloncito de mi carne
que en mi entraña yo tejí,
velloncito friolento,
duérmete apegado a mí!

La perdiz duerme en el trébol
escuchándole latir:
no te turbes por mi aliento,
duérmete apegado a mí!

Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho,
duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
No resbales de mi brazo:
duérmete apegado a mí!


Gabriela Mistral

 


 

Todo lo que se nos puede caer del cuerpo

/ 26 marzo 2026 /

Todo lo que se nos puede caer del cuerpo
lo dejamos transformarse en polvo:
en estos tiempos nos disponemos
como árboles en otoño, que uno a uno

entregan las hojas y algunas flores tardías
al viento otoñal estirando sus cuerpos
en el duro invierno. Nos disponemos a estar
en la naturaleza como la muda de la ninfa de la cigarra

que deja el caparazón dentro de la tierra.
Nos preparamos a nosotros mismos
para esa muerte futura, como un fragmento de canción

que va cayendo del cuerpo de la música
y, al final, la música que queda,
se convierte en una silenciosa colina verde.



Feng Zhi

La muralla

/ 22 marzo 2026 /


Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.

Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.

—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel…
—¡Cierra la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El alacrán y el ciempiés…
—¡Cierra la muralla!


Nicolás Guillén


O fueron nueve

/ 18 marzo 2026 /

Tal vez tuvimos sólo siete noches
no sé
no las conté
cómo hubiera podido.
Tal vez no más que seis
o fueron nueve.
No sé
pero valieron
como el más largo amor.
Tal vez
de cuatro o cinco noches como ésas
pero precisamente como ésas
tal vez
pueda vivirse
como de un largo amor
toda la vida.


Idea Vilariño

En el bosque

/ 14 marzo 2026 /

El suave rocío
Como un suave cohete
inunda mis ojos;
La brisa modula
Y su lamento ondula
En lo profundo del cielo.

Su temblor acaricia
La rama que teje
Sus nudos a mis pies;
La hoja tiembla
Y el pájaro zumba
Expresando rítmicamente sus deseos.

Algo se desliza
Bajo la hierba doblada
Una gran cinta verde.
Voces de amor
Lloran, lánguidas,
Por haber sufrido demasiado…

La playa lejana
Sonríe, insegura,
Entre sus brumas;
Y mi alma sufre,
Como en un abismo,
¡Y lloran corazones!


May Ziade

Son las gaviotas

/ 09 marzo 2026 /


Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tú no escuchas, absorta.

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.


Ángel González 

El viaje

/ 02 marzo 2026 /

I

Para el niño, enamorado de mapas y estampas,
El universo es igual a su vasto apetito.
¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas!
¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!

Una mañana zarpamos, la mente inflamada,
El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos,
Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda
Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.

Algunos, dichosos al huir de una patria infame;
Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados,
Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,
La Circe tiránica de los peligrosos perfumes.

Para no convertirse en bestias, se embriagan
De espacio y de luz, y de cielos incendiados;
El hielo que los muerde, los soles que los broncean,
Borran lentamente la huella de los besos.

Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!

¡Son aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que como el conscripto, sueñan con el cañón,
En intensas voluptuosidades, mutables, desconocidas,
Y de las que el espíritu humano jamás ha conocido el nombre!


Charles Baudelaire

2 poemas de Floridor

/ 26 febrero 2026 /


CORRESPONDENCIA PENDIENTE CON JORGE TEILLIER

           ¿Qué fue de la foto del niño que fui? Me gustaría verla...
            todos los álbumes desaparecieron tras la diáspora...
            J.T. carta de julio 20/77


Tu foto de infancia se extravió en el diario.
Los duendes del taller me arrebataron
ese regalo de tu madre.
Desde ahora sólo conservaré la imagen
del niño que conocí en un carro de tren
detenido en la estación de Lautaro
ese verano del 48,
mientras don Fernando y don Tomás
se transmiten noticias
en una frecuencia difícil de sintonizar.

Sólo entiendo que por culpa de una Ley Maldita
las malditas enfermedades de sus mujeres
los embargos por deudas y el fantasma
de los destierros a Pisagua,
la situación tendría un desenlace impredecible
como su partida de ajedrez
por el campeonato de Victoria en los años 30,
suspendida para llevar al altar sus damas blancas
que amarillean en el álbum familiar.

Así las cosas no es raro
que tengas la edad de mi hermana mayor
a quien regalas la Historia de Chile
de Luis Galdames que llevas bajo el brazo,
despertando mi envidia
con ese gesto que a medias te hiciste perdonar
con dedicatorias y dedicatorias posteriores.

La frase “adjunto mi último libro”
se repite en tu correspondencia.
En tus Poemas Secretos el 66, anotas:
Separata de 50 ejemplares.
No es para crítica ni comercio.
Sólo ahora, 30 años después, descifro ese mensaje:
no viviste para la crítica ni el comercio
ni escribiste para el comercio de una crítica
que arriscó la nariz ante el aroma limpio
de tus hojas que caen con el cielo del país
que está más allá de las apariencias cotidianas,
pero oculto en esas mismas apariencias
y que nunca jamás se revela a los que olvidan
las palabras heredadas de padres, vecinos, abuelos
dichas en la forma más directa,
como escribes en carta del 63.

Ya el 65 los médicos se alarman
pero a ti sólo un riesgo te quita el sueño:
ser abstemio para toda la vida,
no poder acompañar un asado al palo con un buen trago
es cosa de vida o muerte.
No sé cómo resolveré este problema.
Y no lo resolviste, o se resolvió solo —a costa tuya—
como un complejo problema de Mate en 3 Jugadas
que resolvías de pie junto al tablero, hablando de otra cosa
con un vaso en la mano, sin tocar una pieza.

Diez años después escribes:
tu carta la recibo en un lugar bastante apropiado
aquí se necesita compañía...
y lo repites diez años después, en otra clínica
y diez años después, un 22, suena el teléfono de abril
en esta capital tan parecida a una clínica siquiátrica,
donde cometo la locura de vivir
mientras tú juiciosamente regresas
a un pueblo de verdad
con calles y caminos de verdad,
donde el pie humano todavía deja huella.

Por uno de esos caminos polvorientos de tus poemas
te llevan al cementerio,
pero ahora las flores no son para la hermana,
son para el forastero que regresa
—había que arreglar la tumba familiar—
repartida por el mundo,
mientras yo elijo estas palabras claras y tranquilas
y espero hablar contigo bajo las raíces del aromo
o en esta misma calle Corrientes
que íbamos a recorrer juntos,
pero una vez más, tú volaste más alto.


                                                         Buenos Aires - Santiago, abril de 1996




JORGE LUIS BORGES MIRA JUGAR AL AJEDREZ EN UNA CALLE DE BARRIO


Dios mueve el jugador y éste la pieza
J. L. BORGES

El caballo salta del tablero y pierde por una cabeza en el bar vecino donde los peones pierden la cabeza en alcohol estridente.
La Dama del barrio gira en esa música ebria
Bajo la falda sus piernas se deslizan con movimiento oblicuo de inversos alfiles
El poeta mira al jugador y éste a la pieza absorto en su Torre de marfil sobre un cajón en la vereda
De la cocina viene un olor a fritura que vaga por la cuadra y atrae al rey de los ociosos
Ya somos dos —me digo— ¡tres! me dice Borges que convertido en sol de medio día enceguece a los jugadores y a tientas por cuadros negros y blancos —sombra y luz de sus vidas— cruzan la puerta y se instalan frente a frente en otro juego de platos y cucharas.
Entonces el rey de los ociosos y yo —su paje— enrocan hacia el lado sombrío de la calle
Antes que una nube le impida la visión Jorge Luis Borges me hace un guiño
Con gesto displicente de rey eternamente sin corona.


Floridor Perez


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