No he de salir de esta ciudad.
Aquí resonarán mis pasos
como el péndulo de un reloj.
Tejer y destejer las manos y los brazos.
Sigo un horario fijo. Oigo mi propia voz.
Maldigo este destino
insignificante y atroz.
Alfonso Costafreda
No he de salir de esta ciudad.
Aquí resonarán mis pasos
como el péndulo de un reloj.
Tejer y destejer las manos y los brazos.
Sigo un horario fijo. Oigo mi propia voz.
Maldigo este destino
insignificante y atroz.
Alfonso Costafreda
Pienso en mis límites,
límites que separan
el poema que hago
del que no puedo hacer,
el poema que escribo
del que nunca podré escribir.
Límites también, en consecuencia,
de lo que amo
y de lo que nunca podré amar.
Límites de lo que quisiera decir
o ver o tener.
Palabras que daría
para descubrir, palabras para ayudar.
Límites del amor, palabras
insuficientemente valiosas,
en un desierto inacabable.
Alfonso Costafreda