Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas

El viaje

/ 02 marzo 2026 /

I

Para el niño, enamorado de mapas y estampas,
El universo es igual a su vasto apetito.
¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas!
¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!

Una mañana zarpamos, la mente inflamada,
El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos,
Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda
Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.

Algunos, dichosos al huir de una patria infame;
Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados,
Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,
La Circe tiránica de los peligrosos perfumes.

Para no convertirse en bestias, se embriagan
De espacio y de luz, y de cielos incendiados;
El hielo que los muerde, los soles que los broncean,
Borran lentamente la huella de los besos.

Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!

¡Son aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que como el conscripto, sueñan con el cañón,
En intensas voluptuosidades, mutables, desconocidas,
Y de las que el espíritu humano jamás ha conocido el nombre!


Charles Baudelaire

Brisa marina

/ 20 noviembre 2024 /

Leí todos los libros y es, ¡ay! , la carne triste.
¡huir, huir muy lejos! Ebrias aves se alejan
entre el cielo y la espuma. Nada de lo que existe,
ni los viejos jardines que los ojos reflejan,
ni la madre que, amante, da leche a su criatura,
ni la luz que en la noche mi lámpara difunde
sobre el papel en blanco que defiende su albura
retendrá al corazón que ya en el mar se hunde.
¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega
y leva al fin las anclas hacia incógnitos cielos!
Un tedio, desolado por la esperanza ciega,
confía en el supremo adiós de los pañuelos.
Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanza
sobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,
sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza…
Corazón, oye cómo cantan los marineros!


Stéphane Mallarmé

El baile de los ahorcados

/ 03 septiembre 2024 /

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines, los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!

Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.

¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!

¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.

El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.

¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno…

¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monesterio!

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,

crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

 

Arthur Rimbaud

 

Al lector

/ 26 diciembre 2021 /

 


La necedad, el error, el pecado, la tacañería,
Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,
Y alimentamos nuestros amables remordimientos,
Como los mendigos nutren su miseria.

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;
Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,
Y entramos alegremente en el camino cenagoso,
Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto
Que mece largamente nuestro espíritu encantado,
Y el rico metal de nuestra voluntad
Está todo vaporizado por este sabio químico.

¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les encontramos atractivos;
Cada día hacia el Infierno descendemos un paso,
Sin horror, a través de las tinieblas que hieden.

Cual un libertino pobre que besa y muerde
el seno martirizado de una vieja ramera,
Robamos, al pasar, un placer clandestino
Que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja.

Oprimido, hormigueante, como un millón de helmintos,
En nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
Desciende, río invisible, con sordas quejas.

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,
Todavía no han bordado con sus placenteros diseños
El canevás banal de nuestros tristes destinos,
Es porque nuestra alma, ¡ah! no es bastante osada.

Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros vicios,

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!
Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,
Haría complacido de la tierra un despojo
Y en un bostezo tragaríase el mundo:

¡Es el Tedio! -los ojos preñados de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
-Hipócrita lector, -mi semejante, -¡mi hermano!

 

Charles Baudelaire

 

 

Una Temporada en el infierno - Rimbaud

/ 17 septiembre 2010 /
Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían. Una noche, me senté a la Belleza en las rodillas. - Y la hallé amarga. - Y la insulté.
Me armé contra la justicia.
Me escapé. ¡Oh bujas, oh miseria, oh odio! ¡A vosotros se confió mi tesoro!
Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda la esperanza humana. Contra toda alegría, para estrangularla, di el salto sin ruido del animal feroz.
Llamé a los verdugos para, mientras perecía, morder las culatas de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme en la arena, la sangre. La desgracia fue mi dios. Me tendí en el lodo. Me sequé al aire del crimen. Y le hice muy malas pasadas a la locura.
Y la primavera me trajo la horrorosa risa del idiota. Habiendo estado hace muy poco a punto de soltar el último ¡cuac!, se me ocurrió buscar la clave del festín antiguo, donde había tal vez de recobrar el apetito.
La caridad es la clave. - ¡Esta inspiración demuestra que soñé!
"Seguirás siendo hiena, etc.", exclama el demonio que me coronó de tan amables adormideras. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pecados capitales." ¡Ah! Ya aguanté demasiado - Pero, querido Satán, te lo suplico, ¡menos irritación en la pupila! Y mientras llegan las pequeñas cobardías rezagadas, tú que aprecias en el escritor la carencia de facultades descriptivas o instructivas, te arranco unos cuantos asquerosos pliegos de mi cuaderno de condenado.


A. Rimbaud


>> Descargar Rimbaud - Una Temporada en el Infierno <<
(clic en la imagen)
Mi foto
El Vecino de Socrates
Desde el rio hasta el mar...
Ver todo mi perfil

Labels

Adonis Africa Ahmad al-shahawy Ajmatova Alberto Laiseca Aldana Alejandra Pizarnik Aleman Alfonsina Storni Allen Ginsberg Almafuerte Altolaguirre Alvaro Caeiro Ana Blandiana Angel Gonzalez Anonimo Antonio Gamoneda Antonio Machado Argentina Arthur Rimbaud Articulos Asia Atilla Jozsef Audio AudioLibros Austria Baudelaire Becquer Benedetti Bertolt Brecht Biografias Blake Blanca Varela Boccanera Bolivia Borges Brasil Caricatura Carlos Pellicer Carlos Pezoa Veliz Carta Catalan Catalogo Cavafis César Vallejo Cesare Pavese Charles Bukowski Chile China Christian Morgenstern Conciertos Poeticos Costafreda Crisito Cuba Czeslaw Milosz Damaso Alonso Darcy Ribeiro Delmira Agustini Descargas Eduardo Anguita Egipto El Salvador Eliseo Diego Emilio Ballagas Emily Dickinson Enrique Lihn Enzensberger Ernesto Cardenal España Eugenio Montale Europa Ezra Pound Fadwa Tuqan Federico García Lorca Feng Zhi Fernando Pessoa Ferrater Figueroa Floridor Perez Francia Francisca Aguirre Frases Fray Luis de Leon Friedrich Hölderlin Friedrich Schiller Gabriel Celaya Gabriela Mistral Garcia Montero Generacion del 27 Generacion del 50 Georg Trakl Ghassan Zaqtan Gil de Biedma Giuseppe Ungaretti Gonzalo Millan Gonzalo Rojas Gottfried Benn Goytisolo Grecia Hafiz Hahn Hala Alyan Hanna Abu-Hanna Heberto Padilla Herman Hesse Hiba Kamal Abu Nada Humor Hungria india Ingeborg Bachmann Inglaterra Iran Iraq Italia Jaime Saenz Japon Joan Margarit John Ashbery Jorge Teillier Jose Angel Buesa José Emilio Pacheco Juan de la Cruz Juan Gelman Julio Cortazar Juvencio Valle Karmelo Iribarren Latinoamerica León Felipe Libros Loynaz Luis Cernuda Luis Rosales Macedonio Fernandez Mahmoud Darwish Mallarme Marina Tsvetáieva Mark stand Marwan Marwan Makhoul Matsuo Bashō Mauricio Redoles May Ziade Maya Al-Hayat Mexico Miguel Hernandez Mohammad Hudaib Morike Mosab Abu Toha Mourid Barghouti Muin Basisu Musica Najwan Darwish Nasser Rabah Nazim Hikmet Neruda Nicanor Parra Nicaragua Nicolás Guillén Noruega Noticias Objetivo Octavio Paz Olga Orozco Olivia Elias Osvaldo Lamborghini Paco Urondo Palestina Pasolini Paul Celan Pavece Pedro Salinas Pelicula Pere Gimferrer Persia Pessoa Philip Larkin Poemas Sueltos Polonia Portugal Prado Radio Rafael Alberti Rafeef Ziadah Raymond Carver Recitados Refaat Alareer Revistas Rilke Rimbaud Robert Frost Robert Lowell Roberto Bolaño Roberto Fernandez Retamar Roberto Juarroz Rolf Jacobsen Roque Dalton Rumania Rusia Saadi Youssef Salvatore Quasimodo Samih al-Qasim Sarah Kirsch Savater Shakespeare Sharif Elmusa Siria Sonetos Sor Juana Ines de la Cruz Suecia T. S. Eliot Tagore Tawfiq Az-Zayyad Tomas Tranströmer Turquia Unamuno Uruguay Valente Vicente Aleixandre Victor Jara Video Vilarino Virgilio Piñero Walt Whitman Wislawa Szymborska Xin Qiji Yabra Ibrahim Yabra Yannis Ritsos

Popular Posts

 
Copyright © 2010 Compartir Poesía, All rights reserved
Design by DZignine. Powered by Blogger