Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas

Oda a la vida retirada

/ 04 septiembre 2026 /

¡Qué descansada vida 
la del que huye del mundanal rüido, 
y sigue la escondida 
senda por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido! 

Que no le enturbia el pecho 
de los soberbios grandes el estado, 
ni del dorado techo 
se admira, fabricado 
del sabio Moro, en jaspes sustentado. 

No cura si la fama 
canta con voz su nombre pregonera, 
ni cura si encarama 
su lengua lisonjera 
lo que condena la verdad sincera. 

¿Qué presta a mi contento 
si soy del vano dedo señalado? 
¿si en busca deste viento 
ando desalentado 
con ansias vivas, con mortal cuidado? 

¡Oh monte, oh fuente, oh río, 
oh secreto seguro deleitoso! 
Roto casi el navío 
a vuestro almo reposo 
huyo de aqueste mar tempestuoso. 

Un no rompido sueño, 
un día puro, alegre, libre, quiero; 
no quiero ver el ceño 
vanamente severo 
de a quien la sangre ensalza o el dinero. 

Despiértenme las aves 
con su cantar sabroso no aprendido; 
no los cuidados graves 
de que es siempre seguido 
el que al ajeno arbitrio está atenido. 

Vivir quiero conmigo, 
gozar quiero del bien que debo al cielo 
a solas sin testigo, 
libre de amor de celo, 
de odio, de esperanzas, de recelo. 

Del monte en la ladera 
por mi mano plantado tengo un huerto, 
que con la primavera 
de bella flor cubierto 
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 

Y como codiciosa 
por ver y acrecentar su hermosura, 
desde la cumbre airosa 
una fontana pura 
hasta llegar corriendo se apresura. 

Y luego sosegada 
el paso entre los árboles torciendo, 
el suelo de pasada 
de verdura vistiendo 
y con diversas flores va esparciendo. 

El aire el huerto orea, 
y ofrece mil olores al sentido: 
los árboles menea 
con un manso rüido, 
que del oro y del cetro pone olvido. 

Téngase su tesoro 
los que de un falso leño se confían; 
no es mío ver el lloro 
de los que desconfían 
cuando el Cierzo y el Abregó porfían. 

La combatida antena 
cruje, y en ciega noche el claro día 
se torna, al cielo suena 
confusa vocería, 
y la mar enriquecen a porfía. 

A mí una pobrecilla 
mesa de amable paz bien abastada 
me basta, y la vajilla 
de fino oro labrada 
sea de quien la mar no teme airada. 

Y mientras miserable- 
mente se están los otros abrasando 
con sed insaciable 
del peligroso mando, 
tendido yo a la sombra esté cantando. 

A la sombra tendido, 
de hiedra y luto eterno coronado, 
puesto el atento oído 
al son dulce acordado 
del plectro sabiamente meneado. 


Fray Luis de León


  
 

Cantares

/ 04 agosto 2026 /

XLIV
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

I
Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

XXIX
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino:
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.


Antonio Machado
de Proverbios y cantares




extras


Hace algún tiempo en ese lugar,
donde hoy los bosques se visten de espinos,
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino, se hace camino al andar».
Golpe a golpe, verso a verso…

Murió el poeta lejos del hogar,
le cubre el polvo de un país vecino,
al alejarse, le vieron llorar:
«Caminante, no hay camino, se hace camino al andar»
Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar:
«Caminante no hay camino, se hace camino al andar»
Golpe a golpe, verso a verso…


Tu padre se ha ido de viaje

/ 17 mayo 2026 /

Yo estaba meando
cuando me dieron
la noticia
Tenía 7 años
se me acercó un chaval,
por la espalda,
Y me lo dijo.
Así de fácil.
Luego me llamó el cura
a su despacho
-el mismo
en el que se encerraba
los domingos,
los pasteles
y la madre superiora-,
y me soltó
el rollo de rigor.
Que mi padre
no se había muerto
de verdad,
que en realidad
sólo se había ido de viaje,
y que algún día
volveríamos a vernos
a la vera de Dios.
Recuerdo que
lo de la vera
me dejó un poco mosca,
pero no dije nada,
por si acaso.
Me quedé quieto
allí,
en silencio,
esperando…,
hasta que de repente el cura
me agarró por los hombros
y me miró un rato,
a los ojos,
y me dijo que tenía que ser fuerte
en adelante
y portarme como un hombre
y no llorar.
Al día siguiente
enterraron
a mi padre.
Y esa misma tarde,
en la iglesia,
de mi barrio,
otro cura le llamó polvo,
siervo,
finado,
y no sé que chorradas
más.
Lo cierto es que acudió
mucha gente.
Y que mis tías
me acariciaron la cabeza
varias veces.
Y también
que le hice caso al cura
Y no lloré.
Sólo añadir
Que mi padre fue un buen
tipo,
un buen tipo
sin suerte.
Y que ni siquiera
tuve tiempo
de quererle.


Karmelo Iribarren

A Galopar

/ 12 abril 2026 /

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!



Rafael Alberti




Son las gaviotas

/ 09 marzo 2026 /


Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tú no escuchas, absorta.

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.


Ángel González 

Qué lástima

/ 28 enero 2026 /

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!


 León Felipe

a Hans Magnus Enzensberger le roban la maleta

/ 04 enero 2026 /


Entre algún libro y varios folletos y revistas
y el aviso de pago de una letra
ayer llegó la carta desde Berlín Oeste
trajo malas noticias de Enzensberger
y mi mujer y yo nos quedamos pensando
en los días que estuvo en Barcelona
cuando nos dijo que le acompañáramos
pues quería comprarse una maleta.

Eso de andar rodando por tiendas y almacenes
siempre me resultó desagradable
pero dijo maleta y fue como si todo su futuro
dependiese de que él pudiera andar
en compañía siempre de una bella muchacha
que guardara con mimo sus papeles
apilando sus sweaters pantalones y blusas
por todos los hoteles y lugares del mundo.

Lo mejor es pensar quién entiende o es técnico
en cuestiones como ésta delicadas de suyo
nos dijo mi mujer y Hans y yo asentimos
y al fin se decidió que mi cuñado era
un hombre de experiencia pues ha viajado mucho
y comprende y conoce todas las cualidades
que deben adornar a una buena maleta
y sabe de ocasiones y júbilos y ofertas.

Así ocurrió que fuimos los tres donde el cuñado
y estuvimos hablando buen rato y discutiendo
el modo de actuar y recuerdo que Hans
estaba tan nervioso como quien busca piso
y al fin salimos todos y yo aparqué en Las Ramblas
y en la primera tienda los encontré dudando
anduvimos a otra y a otra y regresamos
y ya no hubo más dudas: en la primera tienda.

Estaba allí esperando con su piel de azabache
y Hans la alzó despacio acarició sus cierres
era por dentro roja como cereza oscura
luego se comprobaron las asas y refuerzos
y vimos que asentía y el cuñado entró en fuego
hasta que la encargada rebajó unas pesetas
y la maleta y Hans ya no se separaron
volaban en un jet al cabo de unos días.

Mas la carta de ayer nos cuenta que en París
no sabe si en un bar o en el hall del hotel
alguien se la quitó y ni la policía
ni el conserje ni nadie pudo darle una pista
así que tuvo que irse como un viudo a Alemania
desde donde escribía y explicaba otras cosas
que mi mujer y yo jamás recordaremos
pues estamos tan solo pensando en la maleta.


José Agustín Goytisolo


Cerrando los ojos

/ 17 noviembre 2025 /

 
Huyo del mal que me enoja
buscando el bien que me falta.
Más que las penas que tengo
me duelen las esperanzas.

Tempestades de deseos
contra los muros del alba
rompen sus olas. Me ciegan
los tumultos que levantan.

Nido en el mar. Cuna a flote.
La flor que lucha en el agua
me sostiene mar adentro

y mar afuera me lanza.
Cierro los ojos y miro
el tiempo interior que canta.


Manuel Altolaguirre

Dos poemas de Federico

/ 03 noviembre 2025 /

 

EL SUEÑO VA SOBRE EL TIEMPO

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.

(¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!)

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

(¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!)

Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

(¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!)

Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.

(¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!)


SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

Yo pronuncio tu nombre
En las noches oscuras
Cuando vienen los astros
A beber en la luna
Y duermen los ramajes
De las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
De pasión y de música.
Loco reloj que canta
Muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,
En esta noche oscura,
Y tu nombre me suena
Más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
Y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
Alguna vez? ¿Qué culpa
Tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma
¿Qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
Deshojar a la luna!!



Federico García Lorca

Noche triste de octubre

/ 22 octubre 2025 /


Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.

Adelantaron
las lluvias, y el Gobierno,
reunido en consejo de ministros,
no se sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro
o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un océano,
se limita a esperar que la tormenta pase
y llegue el día, el día en que, por fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.

En la noche de octubre,
mientras leo entre líneas el periódico,
me he parado a escuchar el latido
del silencio en mi cuarto, las conversaciones
de los vecinos acostándose,
todos esos rumores
que recobran de pronto una vida
y un significado propio, misterioso.

Y he pensado en los miles de seres humanos,
hombres y mujeres que en este mismo instante,
con el primer escalofrío,
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones,
por su fatiga anticipada,
por su ansiedad para este invierno,

mientras que afuera llueve.
Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.


Jaime Gil de Biedma

Ciudad 1973

/ 31 agosto 2025 /

No he de salir de esta ciudad.

Aquí resonarán mis pasos
como el péndulo de un reloj.

Tejer y destejer las manos y los brazos.
Sigo un horario fijo. Oigo mi propia voz.

Maldigo este destino
insignificante y atroz.


Alfonso Costafreda


Serán ceniza

/ 20 agosto 2025 /

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
Tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo; ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.


José Angel Valente


Agosto

/ 11 agosto 2025 /

No culpéis a nadie del derrumbamiento del hombre.
La entrega estéril de la palabra, don
de los antros, cuando la noche, la helada, labra
un fuego venusiano, y el sol, un ser de nieblas,
desfallece. Este sorbo, sorbo de nada, encendidos
labios, piedra de púrpura, la semilla
más secreta del hombre, porque no se precisan armas
para vencer al hombre: ya los relámpagos son un signo de ello.
Escuetos, afilados
dicen el vil secreto, la cobardía,
el deseo bastardo, emblemas, yugos inmemoriales
de abyección. Cabelleras, vanas al viento, arrebatadas
por la corriente de la nieve núbil de un cuerpo,
fuego de hogueras
que adorna la claridad. ¿Eres inmortal tú, ahora,
irrisión de la carne, tú, que tal vez has satisfecho
a la servil pasión? Sí, mucho necesita el hombre
para abarcar la extensión de su deseo, y su
deseo es la nada. El escudo oscuro de la luna,
el escudo lívido del sol ¿qué astro oscultan?
¿Qué olas, qué ignición
de espacios lejanos? Por los roquedales
se tambalea esta claridad lúgubre,
rescate hostil de la carne escarnecida,
picos, remos de oro sometido, despojos
de un jirón. Si el gozo, funesto,
de una más lóbrega sima extrajera la luz y,
con los ojos cerrados,
la nostalgia, la carcelera ciega del sentido,
hiciese del pecho la saeta, el aciago solar! Porque el viento
no necesita sentir el peso del viento cuando, vivo, tiembla
en los gallardetes, los pasos del viento de primavera.
Así el hombre. No se dice su nombre: primavera.
Y lo es. ¿Quién dice el nombre? ¿Qué labios -¿son mortales?
dicen la noche?
¿Qué ojos
ven la noche? ¿Qué ojos son la noche?

Pere Gimferrer





AGOST

No feu culpable ningú de la desfera del l'home.
El lliurament estèril de la paraula, do
dels antres, quan la nit, la glaçada, conrea
un foc venusià, i el sol, ésser de boires
defalleix. Aquest glop, glop de no-res, encesos
més secreta de l'home, perquè no calen armes
per vèncer l'home: ja els llampecs en són un signe. Escardalens,
diuen el vil secret, la covardia,
el bord desig, emblemes, jous immemorials
d'abjecció. Crineres, vanes al vent, portades
pel corrent de la neu núbil d'un cos, cremadissa
que guarneix la claror. ¿Ets inmortal tu, ara,
riota de la carn, tu, que potser has guarit
la servil passió? Sí, li cal molt a l'home
per abastar l'amplària del seu desig, i el seu
desig és el no-res. L'escut fosc de la lluna,
l'escut lívid del sol, quin astre amaguen?
¿Quines ones, quina ignició
d'espays lluyans? Pels roquissars
trontolla aquesta claror lúgubre,
rescat hostil d'or sotmès, despulles
d'un esquinçall. Si la joia, funesta,
d'un mes llòbrec avenc poués la llum, i, ulls clucs,
l'enyor, l'escarceller cec del sentir,
fes del pit la sageta, el dissortat casal! Perquè, al vent,
no li cal sentir el pes del vent, quan, viu, tremola
als gallardets, els passos del vent de primavera.

Així l'home. No es diu el sue nom: primavera.
I ho és. Qui diu el nom? Quins llavis —són mortals?— diuen la nit? Quins ulls
veuen la nit? Quins ulls són la nit?



Palestina, 1950-1967

/ 31 julio 2025 /

El dolor habla la misma lengua en todas partes.
JULIO RODRÍGUEZ


Nuestro ojo se detiene en una tierra seca.
El sol golpea con violencia.
El plano de visión se va abriendo poco a poco. Una madre llora en la arena.
La muerte de un hijo. Se sigue abriendo el plano. Nuestra pupila enfoca desde el aire. Se detiene.
Un campamento. Refugiados. Tierra devastada. Ocupación.
Es Palestina. Es 16 de Diciembre. Es 1950. Allí nace un niño. Ese niño es mi padre.
Nacer en Palestina significa
tener la mirada llena de alambradas, no poseer más tierra que la de tus zapatos.
La ocupación convirtió la infancia de mi padre
en una palabra tachada,
en un brusco trayecto hacia la adolescencia.
Corría su niñez en pantalón corto
perseguida por la imagen borrosa de los amigos perdidos,
de otros niños arrancados de la vida a cañonazos.

Dice que su infancia fue feliz, con sus dos bolsillos llenos
de palomas muertas hasta los bordes.
Allí vio a la fatalidad, como un habitante más,
cruzando por la calle,
cruzando la alambrada,
cruzando hasta su vida,
la desesperanza empotrada en las costillas.

Dice que su infancia fue feliz.
Nunca quise preguntar mucho por su adolescencia.
Porque sé que fue un adolescente abrochado a un fúsil
un imberbe bajo el plomo.
No tuvo que ser fácil resolver esa ecuación:
guerra, ocupación y adolescencia.

Los primeros años de su vida se fueron por el desagüe de la historia, 
pisoteados por la bota militar del siglo XX.

La guerra lo convirtió
en huérfano de su propia niñez,
en viudo de su los mejores años de su juventud,
en el hijo ilegítimo de la derrota.
Aprendió a correr en 1967.
Transcurría la Guerra de los Seis Días en Palestina.
El desastre lo empapaba todo con sus manos. La muerte se bajó en su parada,
iba a por él y sus amigos,
a recogerlos en la valla del colegio. Tres jóvenes conforman la escena,
tres jóvenes reclusos.
Dieciséis años, dieciséis ventanas a la catástrofe. 
Palestina significa catástrofe. 
Ellos lo saben, nacieron en la tierra equivocada. 
Para otros tener dieciséis
pasaba por invitar a chicas hermosas a apurar la vida,
pero Palestina significa desconsuelo,
significa humillación.

Palestina es una vista panorámica del desasosiego,
el nombre en árabe de la desesperación.
Palestina es ningún lugar,
una tierra inexistente en los registros,
kilómetros cuadrados de amargura.

Como decía: dieciséis años, tres niños asustados, varios tanques a su encuentro. 
Allí vio mi padre a la amistad
colgar desangrada de esa valla
que uno de ellos no pudo superar.

Corrió. El corrió.
Corrió hacia las montañas, corrió como quien busca otra vida, 
algún despiste del destino que le permitiera contarlo.
Debió equivocarse la guadaña
porque quien escribe esto es su hijo.
Este poema es la deuda que tenía con él, con sus pies que nacieron descalzos y sin tierra,
con sus pies doloridos que no pudieron pisar nunca
un metro cuadrado de tranquilidad,
mi deuda con sus pies que corrieron bajo el fuego enemigo, mi deuda con sus piernas que temblaron bajo el fuego enemigo,
mi deuda con sus manos atadas por el odio enemigo.

Gracias padre, por correr para que yo estuviera aquí.
Seguramente en Palestina haya una bala fallada
con mi nombre escrito en el acero.

Yo sé que ha pasado el tiempo,
pero no se puede mirar a los ojos a la muerte y regresar intacto. Nadie puede.

Palestina significa ocupación, injusticia, derrumbe. 
En esto consistió la vida de mi padre allí.

Episodios como estos hacen
que uno nunca llegue a ser del todo adulto
y nunca pueda ser del todo un niño.
La infancia se va. El agujero permanece.
No conozco a ningún palestino
al que no le duela un país entero dentro.

Huir, plantar tus doloridas raíces en otra tierra
—como si eso fuera posible—
era la única puerta a la esperanza,
una vida sin señales de retorno. Es difícil vivir cuando siempre se está
a 15 minutos del estruendo,
tan al borde de otra nueva humillación.

Y de luto las palabras, de luto los hermanos,
de luto las escuelas y el refugio, de luto bicicletas,
de luto el aire la risa los olivos los pañuelos de luto.

Y luego el silencio.
A la historia de Palestina la acompaña el silencio.
Mi padre es un hijo del desastre
e hijo del silencio.
Todos los palestinos que abandonaron
un día sus casas para no volver,
aquellos que buscaron esquivar el daño en otra tierra,
son hijos del silencio.
Son los escritores de novelas sin páginas
que cuentan esas historias
en las que la obligación de emigrar
convierte a los hombres en familia de la nada,
con sus padres lejos, sus hermanos lejos,
con su patria ausente
y sus sueños desbaratados en alguna parte.

Debería acabar ya este poema.
Darle al botón de apagado del renglón.
Necesito un final.
Os contaré algo: lo que me produce saber que mi padre tuvo que soportar la brutalidad del hombre
siendo niño. Pienso en él con 5 años, temblando, en tierra hostil
con su cuerpo diminuto,
con su pequeña alma de refugiado y solo quisiera acudir en su busca
cogerlo en brazos, salvarlo de aquello,
cogerlo y acariciarlo,
poder acunar al niño que fue mi padre y protegerlo,
llevarle de la mano a algún parque
a comer helado, jugar con él, sentir su risa,
hacerle cosquillas, hacer lo que sea
para abrir las puertas que se le cerraron dentro
y que olvide todo lo que tuvo que pasar siendo tan frágil.

Y al abrazarlo, ser el hombre
que salva a todos los niños indefensos,
a todos los que pagan en su niñez
la brutalidad del mundo adulto,
ser el guardián entre el centeno,
salvar a quien se asome el precipicio.

Eso me gustaría.

Desde que tengo consciencia de esto,
jamás he dejado de preguntarme
—y ahora te hablo a ti, Padre—,
cómo lo lograste,
cómo lo hiciste para,
después de todo,
no traer nada de eso a nuestras vidas,

cómo pudiste con aquello,
cómo diablos lograste
después de todo,
seguir teniendo tanta luz en la mirada.


Marwan

En tiempos de ignominia

/ 06 julio 2025 /

En tiempos de ignominia como ahora
a escala planetaria, y cuando la crueldad
se extiende por doquiera fría y robotizada,
aún queda gente buena en este mundo
que escucha una canción o lee un poema:
ellos saben muy bien que la Patria de todos
es el canto, la voz y la palabra: única patria
que no pueden robarnos ni aún poniéndonos
de espaldas contra un muro,
o deshaciéndonos en mil pedazos.

Por eso digo una vez más:
que nadie piense o grite,
"No puedo más y aquí me quedo". Mejor mirarles
a la cara y decir alto: "Tirad hijos de perra,
somos millones y el planeta no es vuestro."

José Agustín Goytisolo

 

Buganvillas reparaciones y humo

/ 16 junio 2025 /

Cuando salió empujándola
pulcro sin una arruga en su traje de ignominia
seguí sin entender cómo podía
ella aguantarlo: será porque le gusta
que la humillen.

En la iglesia
más allá del jardín se iluminaron
los tímidos vitrales de la misa de seis
de las Reparadoras.
Y aquí
reparan fuerza esos cretinos. ¡Oh Dios
la vida sigue! Y la muchacha no era para ti.

Pero detrás de los altavoces
detrás de los parterres y los árboles y detrás
de la noche oscura: ¿qué hay detrás
de la noche oscura?

Ella no abrió los labios
te miró como con un temor insinuado o difuso.
Alguien pregunta: ¿Es usted
el propietario del coche que está mal aparcado?

Parecía que afuera quemaran rastrojo.
Los vitrales ahora llameaban:
eran reparaciones.
Qué decía usted?
Nada; no dije nada. Pensaba
en la noche que va quedando atrás.
Los guardias del palacio
jugaban a los dados mientras el rey de reyes
caminó silencioso hasta el bar
y llenaba de nuevo su copa.
Ahora bailabas
y puedes contemplarte: los otros son tu espejo.

Camarero: ¿qué hay detrás
de la bebida y de los canapés
que hay detrás de los restos del pavo de la cena?

Cesan los altavoces de la fiesta
y la música de órgano repara
las brechas de este absurdo.
¿Cómo aguantar aquí
en este jardín?

Yo tenía una casa con jardín
con geranios con un castaño de Indias
un limonero y muchas buganvillas
que envolvían mi primer coche mi primer juguete.
No quiero beber más ni vivir más:
reparaciones pido.
Quiero que ella
vuelva a decirme: «No te vayas no»
y saltarían los cerrojos y los sellos.

Amanece con frío y niebla sucia y nada
va a pasar. El parque lleno de vasos tristes
va quedando desierto.

Yo no quise
quitarle nada a nadie. Tan sólo me asomé
a un cristal de agua fresca al hondo pozo
del amor prohibido.

Vuelve el olor
de paja seca ardiendo.
Los músicos se van
y el órgano se adueña del alba en bancarrota.
No puedo acompañarla señorita
no me siento muy bien debo irme a casa.

Quiero ver el castaño el limonero
¿Quién es el rey de reyes?
¿Qué hago yo en un jardín sin buganvillas?
¿Dónde dejé mi coche? Buganvillas
reparaciones y humo. Centinela
¿qué hay detrás de la noche oscura?



José Agustín Goytisolo

 

Idolos

/ 11 mayo 2025 /

Entonces, cuando yacíamos
abrazados frente a la ventana
abierta al desmonte de olivos (dos
semillas desnudas dentro de un fruto que el verano
ha abierto violento, y que se llena
de aire) no teníamos recuerdos. Éramos
el recuerdo que tenemos ahora. Éramos
esta imagen. Ídolos de nosotros
para la fe sumisa de después.


(Traducción de José Agustín Goytisolo)


ÍDOLS

Aleshores, quan jèiem
abraçats davant la finestra
oberta al pendís d'oliveres (dues
llavors nues dins d'un fruit que l'estiu
ha badat violent, i que s'omple
d'aire) no teníem records. Érem
el record que tenim ara. Érem
aquesta imatge. Els ídols de nosaltres,
per la submisa fe de després.


 

Gabriel Ferrater


Carta a mi hermano

/ 29 marzo 2025 /


Querido Juan: te escribo
para contarte algunas cosas.
Ayer por la mañana
yo no sabía si salir o qué
y sentado en mi silla
ante el café con leche
que se me queda frío
casi todos los días
pensaba que es difícil
-para mí por lo menos-
poner cara de hombre
normal y sonreír
a la gente que veo
que me saluda: al viejo
portero de la casa
y en la calle a quien corre
y atraviesa la acera
detrás de algún asunto
-dinero casi siempre-
esos hombres extraños
culpables, como yo
y también extenuados
o enfermos o perdidos
mas que viven y aguantan
esta vida cochina
y hermosa algunas veces.
Si mi mujer me mira
yo no sé qué decirle:
habla de cosas simples
-de otro año o de un piso
mayor o de la escuela
de Julia-. Ay Julia
yo no quise; tú entiendes
y resulta que crece
cada día y sonríe
me mira y me da besos
me pide una peseta:
me ve como un pirata
honrado y cariñoso
y ríe con la risa
de los que aman la vida
-como a veces yo río
cuando no pienso así-.
Estoy cansado hermano;
me siento como un viejo
inútil que ya hizo
todo el mal que podía
y está de sobra aquí.
Si creyese yo en algo
que todo lo arreglara
para mí -y que no existe-
no odiaría mi vida
ni quisiera morir.
Juan: sé que tú comprendes
lo que me ocurre: sé
que leerás la carta
y pensarás en mí
y en Luis que está mejor
después de todo el lío;
y en todo lo que pesa
como un montón de escombros
en mi memoria. En fin:
se termina el papel.
Perdona mis palabras
pero quise explicarte
lo que me está pasando
para sentirme cerca
de ti y de tu ternura
para olvidar un poco
esta sórdida vida
que me cuesta aguantar.
Adiós: escribe pronto
y besos a Monique.


José Agustín Goytisolo

 

Insomnio

/ 11 febrero 2025 /

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad
de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

 

Dámaso Alonso


No volveré a ser joven

/ 11 enero 2025 /



Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.


Jaime Gil de Biedma

 


 

 

Mi foto
El Vecino de Socrates
Desde el rio hasta el mar...
Ver todo mi perfil

Labels

Adonis Africa Ahmad al-shahawy Ajmatova Alberto Laiseca Aldana Alejandra Pizarnik Aleman Alfonsina Storni Allen Ginsberg Almafuerte Altolaguirre Alvaro Caeiro Ana Blandiana Angel Gonzalez Anonimo Antonio Gamoneda Antonio Machado Argentina Arthur Rimbaud Articulos Asia Atilla Jozsef Audio AudioLibros Austria Baudelaire Becquer Benedetti Bertolt Brecht Biografias Blake Blanca Varela Boccanera Bolivia Borges Brasil Caricatura Carlos Pellicer Carlos Pezoa Veliz Carta Catalan Catalogo Cavafis César Vallejo Cesare Pavese Charles Bukowski Chile China Christian Morgenstern Conciertos Poeticos Costafreda Crisito Cuba Czeslaw Milosz Damaso Alonso Darcy Ribeiro Delmira Agustini Descargas Eduardo Anguita Egipto El Salvador Eliseo Diego Emilio Ballagas Emily Dickinson Enrique Lihn Enzensberger Ernesto Cardenal España Eugenio Montale Europa Ezra Pound Fadwa Tuqan Federico García Lorca Feng Zhi Fernando Pessoa Ferrater Figueroa Floridor Perez Francia Francisca Aguirre Frases Fray Luis de Leon Friedrich Hölderlin Friedrich Schiller Gabriel Celaya Gabriela Mistral Garcia Montero Generacion del 27 Generacion del 50 Georg Trakl Ghassan Zaqtan Gil de Biedma Giuseppe Ungaretti Gonzalo Millan Gonzalo Rojas Gottfried Benn Goytisolo Grecia Hafiz Hahn Hala Alyan Hanna Abu-Hanna Heberto Padilla Herman Hesse Hiba Kamal Abu Nada Humor Hungria india Ingeborg Bachmann Inglaterra Iran Iraq Italia Jaime Saenz Japon Joan Margarit John Ashbery Jorge Teillier Jose Angel Buesa José Emilio Pacheco Juan de la Cruz Juan Gelman Julio Cortazar Juvencio Valle Karmelo Iribarren Latinoamerica León Felipe Libros Loynaz Luis Cernuda Luis Rosales Macedonio Fernandez Mahmoud Darwish Mallarme Marina Tsvetáieva Mark stand Marwan Marwan Makhoul Matsuo Bashō Mauricio Redoles May Ziade Maya Al-Hayat Mexico Miguel Hernandez Mohammad Hudaib Morike Mosab Abu Toha Mourid Barghouti Muin Basisu Musica Najwan Darwish Nasser Rabah Nazim Hikmet Neruda Nicanor Parra Nicaragua Nicolás Guillén Noruega Noticias Objetivo Octavio Paz Olga Orozco Olivia Elias Osvaldo Lamborghini Paco Urondo Palestina Pasolini Paul Celan Pavece Pedro Salinas Pelicula Pere Gimferrer Persia Pessoa Philip Larkin Poemas Sueltos Polonia Portugal Prado Radio Rafael Alberti Rafeef Ziadah Raymond Carver Recitados Refaat Alareer Revistas Rilke Rimbaud Robert Frost Robert Lowell Roberto Bolaño Roberto Fernandez Retamar Roberto Juarroz Rolf Jacobsen Roque Dalton Rumania Rusia Saadi Youssef Salvatore Quasimodo Samih al-Qasim Sarah Kirsch Savater Shakespeare Sharif Elmusa Siria Sonetos Sor Juana Ines de la Cruz Suecia T. S. Eliot Tagore Tawfiq Az-Zayyad Tomas Tranströmer Turquia Unamuno Uruguay Valente Vicente Aleixandre Victor Jara Video Vilarino Virgilio Piñero Walt Whitman Wislawa Szymborska Xin Qiji Yabra Ibrahim Yabra Yannis Ritsos

Popular Posts

 
Copyright © 2010 Compartir Poesía, All rights reserved
Design by DZignine. Powered by Blogger