Vuelvo a ti, como vuelve un emigrado a su país y lo redescubre: he hecho fortuna (en el intelecto) y soy feliz, tanto como hace tiempo lo era, destituido por norma. Una rabia negra de poesía en el pecho. Una loca vejez de jovencito. Antes tu alegría se confundía con el terror, es verdad, y ahora casi con otra alegría lívida, árida: mi pasión decepcionada. Ahora me das miedo de verdad, porque estás de verdad cerca, incluida en mi estado de rabia, de oscura hambre, de ansia casi de criatura nueva.
Por lo visto es posible declararse hombre. Por lo visto es posible decir no. De una vez y en la calle, de una vez, por todos y por todas las veces en que no pudimos.
Importa por lo visto el hecho de estar vivo. Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza necesite, suponga nuestras vidas, estos actos mínimos a diario cumplidos en la calle por todos.
Y será preciso no olvidar la lección: saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos hay un arma escondida, saber que estamos vivos aún. Y que la vida todavía es posible, por lo visto.
Puedo repetir la frase que se llevó tu recuerdo. Nada más sé de ti. Esta insistente agua de palabras, siempre creciente, va desmoronando los márgenes de la vida que creía real. La tierra pedregosa y fatigosa de andar, y los árboles que me herían los ojos con una rama delicada, tan vivamente maligna, convincente con la mejor prueba, la de las lágrimas, parece que no son nada. Se van rindiendo a la anchura gris, jaspeada de esperma pálido, empalagoso. Todo cae con un ruido lento y blando, y flota sin figura, o se hunde para siempre. Todo da sentido, sólo sentido, todo es tal como he dicho. No sé nada de ti.
Gabriel Ferrater
Fi del món
Puc repetir la frase que s'ha endut el teu record. No sé res més de tu. Aquesta insistent aigua de paraules, sempre creixent, va ensulsiant els marges de la vida que vaig creure real. La terra pedregosa i fatigosa de caminar, i els arbres que em ferien els ulls amb una branca delicada, tan vivament maligna, convincent amb la prova millor, la de les llàgrimes, sembla que no són res. Es va donant a l'amplària grisa, jaspiada d'esperma pàl·lid, embafós. Tot cau amb una fressa lenta i molla, i flota sense figura, o s'enfonsa per sempre. Tot fa sentit, només sentit, tot és tal com ho he dit. Ja no sé res de tu.
Laura, al evadirme de este mundo, me parece que me ilumino con el resplandor celestial, cuando tu mirada se refleja en la mía. Sueño con aspirar las brisas etéreas, cuando mi imagen flota en el espejo azul celeste de tus suaves ojos.
El sonido de la lira desde las lejanías del paraíso, el compás del arpa procedente de estrellas placenteras me apresuro a atraer hacia mi oído embriagado, mi musa siente la hora de los pastores, cuando de tu boca ardiente de placer los tonos plateados huyen a regañadientes.
Veo a los cupidos batir sus alas, detrás de ti saltan los abetos embriagados, como animados por el canto de las cuerdas de Orfeo, los polos giran rápidamente a mi alrededor, cuando en la danza giratoria tu planta flota fugaz como la ola.
Tus miradas —cuando sonríen de amor—, podrían insuflar vida al mármol, dar pulso a las venas de la roca, los sueños se convierten en seres a mi alrededor, si tan solo pudiera leer en tus ojos: ¡Laura, mi Laura!
Cuando entonces, como levantados de sus ejes dos astros, los cuerpos se funden en uno, boca contra boca arde arraigada, llueven chispas de lujuria de los ojos, las almas, como liberadas, se encuentran en el viento de fuego del aliento, – – –
¡Deleites atormentados, dolores paradisíacos! – La sangre inunda con más fuerza el corazón oprimido, como guerreros armados hacia la batalla, la naturaleza, olvidada de la finitud, se atreve a medirse con seres superiores, se marea ante la marea del Aqueronte.
Aquí se cierne un descanso sobre los sentidos La oscuridad negra ahuyenta el día, La noche devora la fuente de la luz — Un suave… murmullo… sordo… que se desvanece… se pierde… Se apaga… poco a poco… en los oídos… embriagados… Y el mundo es… la nada…
Ay, quizá mil lunas desperdiciadas Laura, ese instante del Elíseo, Todo enterrado en ese estrecho espacio; Arrastrados por el éxtasis de la muerte, Aterrizamos en otro sol, ¡Laura! Y fue un sueño.
¡Ojalá el ala de Cronos se hubiera detenido, hipnotizada, contemplando este grupo, como una estatua de mármol: el tiempo! Pero, ¡ay!, en el mar de la muerte se precipitan ola tras ola; sobre este éxtasis ya se agitan los remolinos del olvido.
Friedrich Schiller
Entzückung an Laura
Laura, über diese Welt zu flüchten Wähn ich, mich in Himmelsmaienglanz zu lichten, Wenn dein Blick in meinem Blicke flimmt. Ätherlüfte träum ich einzusaugen, Wenn mein Bild in deiner sanften Augen Himmelblauem Spiegel schwimmt.
Leierklang aus Paradieses Fernen, Harfenschwung aus angenehmern Sternen Ras ich in mein trunken Ohr zu ziehn, Meine Muse fühlt die Schäferstunde, Wenn von deinem wollustheißen Munde Silbertöne ungern fliehn.
Amoretten seh ich Flügel schwingen, Hinter dir die trunknen Fichten springen, Wie von Orpheus Saitenruf belebt, Rascher rollen um mich her die Pole, Wenn im Wirbeltanze deine Sohle Flüchtig wie die Welle schwebt.
Deine Blicke – wenn sie Liebe lächeln, Könnten Leben durch den Marmor fächeln, Felsenadern Pulse leihn, Träume werden um mich her zu Wesen, Kann ich nur in deinen Augen lesen: Laura, Laura mein!
Wenn dann, wie gehoben aus den Achsen Zwei Gestirn, in Körper Körper wachsen, Mund an Mund gewurzelt brennt, Wollustfunken aus den Augen regnen, Seelen wie entbunden sich begegnen In des Atems Flammenwind, – – –
Qualentzücken – Paradiesesschmerzen! – Wilder flutet zum beklommnen Herzen, Wie Gewapnete zur Schlacht, das Blut, Die Natur, der Endlichkeit vergessen, Wagts mit höhern Wesen sich zu messen, Schwindelt ob der acherontschen Flut.
Eine Pause drohet hier den Sinnen Schwarzes Dunkel jagt den Tag von hinnen, Nacht verschlingt den Quell des Lichts – Leises.. Murmeln… dumpfer… hin.. verloren.. Stirbt… allmälich.. in den trunknen… Ohren… Und die Welt ist…. Nichts….
Ach, vielleicht verpraßte tausend Monde Laura, die Elisiumssekunde, All begraben in dem schmalen Raum; Weggewirbelt von der Todeswonne, Landen wir an einer andern Sonne, Laura! und es war ein Traum.
O dass doch der Flügel Chronos harrte, Hingebannt ob dieser Gruppe starrte Wie ein Marmorbild – die Zeit! Aber ach! ins Meer des Todes jagen Wellen Wellen – über dieser Wonne schlagen Schon die Strudel der Vergessenheit.
XLIV Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.
I Nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse.
XXIX Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino: se hace camino al andar.
Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.
Antonio Machado de Proverbios y cantares
extras
Hace algún tiempo en ese lugar, donde hoy los bosques se visten de espinos, se oyó la voz de un poeta gritar: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar». Golpe a golpe, verso a verso…
Murió el poeta lejos del hogar, le cubre el polvo de un país vecino, al alejarse, le vieron llorar: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar» Golpe a golpe, verso a verso…
Cuando el jilguero no puede cantar, cuando el poeta es un peregrino, cuando de nada nos sirve rezar: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» Golpe a golpe, verso a verso…
Yo estaba meando cuando me dieron la noticia Tenía 7 años se me acercó un chaval, por la espalda, Y me lo dijo. Así de fácil. Luego me llamó el cura a su despacho -el mismo en el que se encerraba los domingos, los pasteles y la madre superiora-, y me soltó el rollo de rigor. Que mi padre no se había muerto de verdad, que en realidad sólo se había ido de viaje, y que algún día volveríamos a vernos a la vera de Dios. Recuerdo que lo de la vera me dejó un poco mosca, pero no dije nada, por si acaso. Me quedé quieto allí, en silencio, esperando…, hasta que de repente el cura me agarró por los hombros y me miró un rato, a los ojos, y me dijo que tenía que ser fuerte en adelante y portarme como un hombre y no llorar. Al día siguiente enterraron a mi padre. Y esa misma tarde, en la iglesia, de mi barrio, otro cura le llamó polvo, siervo, finado, y no sé que chorradas más. Lo cierto es que acudió mucha gente. Y que mis tías me acariciaron la cabeza varias veces. Y también que le hice caso al cura Y no lloré. Sólo añadir Que mi padre fue un buen tipo, un buen tipo sin suerte. Y que ni siquiera tuve tiempo de quererle.
Las tierras, las tierras, las tierras de España, las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, al sol y a la luna.
¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!
A corazón suenan, resuenan, resuenan las tierras de España, en las herraduras. Galopa, jinete del pueblo, caballo cuatralbo, caballo de espuma.
¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; que es nadie la muerte si va en tu montura. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, que la tierra es tuya.
¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!
Son las gaviotas, amor. Las lentas, altas gaviotas.
Mar de invierno. El agua gris mancha de frío las rocas. Tus piernas, tus dulces piernas, enternecen a las olas. Un cielo sucio se vuelca sobre el mar. El viento borra el perfil de las colinas de arena. Las tediosas charcas de sal y de frío copian tu luz y tu sombra. Algo gritan, en lo alto, que tú no escuchas, absorta.
Son las gaviotas, amor. Las lentas, altas gaviotas.
Para el niño, enamorado de mapas y estampas, El universo es igual a su vasto apetito. ¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas! ¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!
Una mañana zarpamos, la mente inflamada, El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos, Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.
Algunos, dichosos al huir de una patria infame; Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados, Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer, La Circe tiránica de los peligrosos perfumes.
Para no convertirse en bestias, se embriagan De espacio y de luz, y de cielos incendiados; El hielo que los muerde, los soles que los broncean, Borran lentamente la huella de los besos.
Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos, De su fatalidad jamás ellos se apartan, Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!
¡Son aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes, Y que como el conscripto, sueñan con el cañón, En intensas voluptuosidades, mutables, desconocidas, Y de las que el espíritu humano jamás ha conocido el nombre!
¡Qué lástima que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan! ¡Qué lástima que yo no pueda entonar con una voz engolada esas brillantes romanzas a las glorias de la patria! ¡Qué lástima que yo no tenga una patria! Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa desde una tierra a otra tierra, desde una raza a otra raza, como pasan esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca. ¡Qué lástima que yo no tenga comarca, patria chica, tierra provinciana! Debí nacer en la entraña de la estepa castellana y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada; pasé los días azules de mi infancia en Salamanca, y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña. Después... ya no he vuelto a echar el ancla, y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta para poder cantar siempre en la misma tonada al mismo río que pasa rodando las mismas aguas, al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa. ¡Qué lástima que yo no tenga una casa! Una casa solariega y blasonada, una casa en que guardara, a más de otras cosas raras, un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada (que me contaran viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala) y el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla. ¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo que ganara una batalla, retratado con una mano cruzada en el pecho, y la otra en el puño de la espada! Y, ¡qué lástima que yo no tenga siquiera una espada! Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria, ni una tierra provinciana, ni una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla, ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada? ¡Qué voy a cantar si soy un paria que apenas tiene una capa!
Sin embargo... en esta tierra de España y en un pueblo de la Alcarria hay una casa en la que estoy de posada y donde tengo, prestadas, una mesa de pino y una silla de paja. Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia y muy blanca que está en la parte más baja y más fresca de la casa. Tiene una luz muy clara esta sala tan amplia y tan blanca... Una luz muy clara que entra por una ventana que da a una calle muy ancha. Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas. Aquí me siento sobre mi silla de paja y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo cómo pasa la gente a través de la ventana. Cosas de poca importancia parecen un libro y el cristal de una ventana en un pueblo de la Alcarria, y, sin embargo, le basta para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma. Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa cuando pasan ese pastor que va detrás de las cabras con una enorme cayada, esa mujer agobiada con una carga de leña en la espalda, esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana, y esa niña que va a la escuela de tan mala gana. ¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre y se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa. ¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada con la barbilla sumida y la naricilla chata! Yo me río mucho mirándola y la digo que es una niña muy guapa... Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha. ¡Pobre niña! Ya no pasa por esta calle tan ancha caminando hacia la escuela de muy mala gana, ni se para en mi ventana, ni se queda a los cristales pegada como si fuera una estampa. Que un día se puso mala, muy mala, y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha, al través de la ventana, vi cómo se la llevaban en una caja muy blanca... En una caja muy blanca que tenía un cristalito en la tapa. Por aquel cristal se la veía la cara lo mismo que cuando estaba pegadita al cristal de mi ventana... Al cristal de esta ventana que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja tan blanca. Todo el ritmo de la vida pasa por el cristal de mi ventana... ¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima que no pudiendo cantar otras hazañas, porque no tengo una patria, ni una tierra provinciana, ni una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla, ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada, y soy un paria que apenas tiene una capa... venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
Palabras solo pequeñas palabras pequeñas y en voz baja casi sin aliento para nosotros
como pajitas rotas palabras sin luz y casi sin forma, palabras como en árboles, pequeñas medias-palabras como en el sueño para nosotros
Entre todo lo grande pequeñas, pequeñas palabras que esconden en el dorso de una mano y junto a tu lóbulo pequeñas palabras completamente sin luz como animales y hierba.
Lavmaelt Ord bare små små ord og lavmælt nesten uten pust for oss
som brukne strå ord uten lys og nesten uten form, ord som hos trær, små halv-ord som i søvn for oss.
Mellem alt det store små, små ord å gjemme bort på baksiden av en hånd og ved din øreflipp små ord helt uten lys som dyr og gress.
CARTA A LA LUZ
El periódico de esta mañana está muy desdoblado. En la tierra es un nuevo día y un tractor que está en funcionamiento con su propio puño grumoso escribe una carta a la luz, cada letra lo tararea en voz alta para sí mismo, porque tiene mucho que decir que todo viene, tanto los truenos como las abejas, el camino de la hormiga que ha tendido a su pequeño Pie de seda en la hierba, nuestra paz. y el malestar que tenemos con todo, debe incluirlo. Grandes líneas húmedas y una mano lenta. que tiembla mucho pero ya está todo dicho, la página está llena y todo se presenta abiertamente como una carta a nadie, la carta de los arados a la luz que puede leer a voluntad.
Brev til lyset Morgenens papir er veldig foldet ut på jorden, det er en ny dag og en traktor som alt er fremme med sin klumpete neve og skriver et brev til lyset, hver bokstav brummer den høyt for seg selv, for det har meget å si at alt kommer med, både tordnen og biene, maurveien som har strukket ut sin lille silkefot i gresset, vår fred og den uro vi har med alt, skal den ha med. Store fuktige linjer og en langsom hånd som ryster svært men nu er alt sagt, siden er full og alt legges åpent frem som et brev til ingen, plogenes brev til lyset som den kan lese som vil.
Entre algún libro y varios folletos y revistas y el aviso de pago de una letra ayer llegó la carta desde Berlín Oeste trajo malas noticias de Enzensberger y mi mujer y yo nos quedamos pensando en los días que estuvo en Barcelona cuando nos dijo que le acompañáramos pues quería comprarse una maleta.
Eso de andar rodando por tiendas y almacenes siempre me resultó desagradable pero dijo maleta y fue como si todo su futuro dependiese de que él pudiera andar en compañía siempre de una bella muchacha que guardara con mimo sus papeles apilando sus sweaters pantalones y blusas por todos los hoteles y lugares del mundo.
Lo mejor es pensar quién entiende o es técnico en cuestiones como ésta delicadas de suyo nos dijo mi mujer y Hans y yo asentimos y al fin se decidió que mi cuñado era un hombre de experiencia pues ha viajado mucho y comprende y conoce todas las cualidades que deben adornar a una buena maleta y sabe de ocasiones y júbilos y ofertas.
Así ocurrió que fuimos los tres donde el cuñado y estuvimos hablando buen rato y discutiendo el modo de actuar y recuerdo que Hans estaba tan nervioso como quien busca piso y al fin salimos todos y yo aparqué en Las Ramblas y en la primera tienda los encontré dudando anduvimos a otra y a otra y regresamos y ya no hubo más dudas: en la primera tienda.
Estaba allí esperando con su piel de azabache y Hans la alzó despacio acarició sus cierres era por dentro roja como cereza oscura luego se comprobaron las asas y refuerzos y vimos que asentía y el cuñado entró en fuego hasta que la encargada rebajó unas pesetas y la maleta y Hans ya no se separaron volaban en un jet al cabo de unos días.
Mas la carta de ayer nos cuenta que en París no sabe si en un bar o en el hall del hotel alguien se la quitó y ni la policía ni el conserje ni nadie pudo darle una pista así que tuvo que irse como un viudo a Alemania desde donde escribía y explicaba otras cosas que mi mujer y yo jamás recordaremos pues estamos tan solo pensando en la maleta.
El fiordo está helado los botes de pesca atrapados, eso no significa nada, eres libre, puedes acostarte en la tierra y levantarte de nuevo. Tu nombre poco importa. Puedes desaparecer y reaparecer. Es posible, hasta los muertos reciben cartas. No puedes impedir lo peor. Puedes dormir, es posible. La próxima noche llegará el rompehielos y los botes volverán a navegar. El canal no es muy ancho. La noche siguiente volverá a helar. Eso no significa nada. Poco importa tu nombre.
CANCIÓN PARA LOS QUE SABEN
sabemos que hay que hacer algo inmediatamente lo sabemos pero naturalmente es demasiado pronto para hacerlo pero naturalmente es demasiado tarde para hacerlo lo sabemos
que realmente estamos bastante bien y que así vamos a continuar y que esto no sirve para nada lo sabemos
que somos nosotros los culpables y que no es culpa nuestra que seamos culpables y que somos culpables por ese mismo hecho y que estamos hartos con ello lo sabemos
que quizá no vendría mal callarse un poco y que a fin de cuentas no vamos a callarnos lo sabemos lo sabemos
y que a nadie podemos ayudar verdaderamente y que nadie verdaderamente puede ayudarnos lo sabemos
y que somos tan inteligentes y libres para elegir entre la nada y lo nulo y que debemos estudiar este problema muy cuidadosamente y que echamos dos terrones de azúcar en el té lo sabemos
que somos enemigos de la opresión y que los cigarrillos han subido de precio lo sabemos
y que la nación se está metiendo en un tremendo lío y que nuestros vaticinios se mostrarán ciertos y que no sirven para nada lo sabemos
y que todo esto es verdad lo sabemos
y que sobrevivir no es todo sino muy poca cosa lo sabemos
y que sobreviviremos lo sabemos
y que todo esto no es nada nuevo y que la vida es preciosa y que eso es todo lo sabemos lo sabemos lo sabemos perfectamente bien
y que lo sabemos perfectamente bien eso también lo sabemos
Mis queridos amigos que aún recuerdan al loco, ahora les escribo, aquí junto a la estufa donde os recuerdo mientras el frío de la noche de noviembre ha venido a mezclarse en mi alma a esta lenta tristeza que apenas se disuelve. Amigos, recordadme, y no sólo entre risas, pues viví entre vosotros y un día me quisisteis.
Todo está sin terminar. ¿O solo me lo parece a mí? Esta hoja ¿no debería terminarse de alguna forma? O la mariposa ¿no debería completar de algún modo El dibujo de sus alas? Y las líneas en las palmas de mi mano ¿Son solo un esbozo de Un cuadro apenas empezado? Todo está por terminar Expectante por llegar A completarse Lo cual es imposible adivinar Desde la luz cegadora Al otro extremo.