Todo lo que se nos puede caer del cuerpo
lo dejamos transformarse en polvo:
en estos tiempos nos disponemos
como árboles en otoño, que uno a uno
entregan las hojas y algunas flores tardías
al viento otoñal estirando sus cuerpos
en el duro invierno. Nos disponemos a estar
en la naturaleza como la muda de la ninfa de la cigarra
que deja el caparazón dentro de la tierra.
Nos preparamos a nosotros mismos
para esa muerte futura, como un fragmento de canción
que va cayendo del cuerpo de la música
y, al final, la música que queda,
se convierte en una silenciosa colina verde.
Feng Zhi



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