Tres poemas de Ungaretti

/ 23 agosto 2021 /

 

  

A la salida


Quién viniera conmigo a través de los campos


El sol se esparce en diamantinas

gotas de agua

sobre la frágil hierba


Me recuesto con

el placer

del apacible corazón del universo


Las montañas crecen

en corrientes de sombra lila

y se perfilan contra el cielo


En la luminosa cúpula arriba

el hechizo se ha roto


Y yo retorno hacia mí

y anidado me escondo dentro de mí mismo




Distante


Distante en una tierra distante

como a un hombre ciego

ellos me han abandonado




Vagabundo


En ningún

sitio

de la tierra

me puedo

afincar


A cada

nuevo

clima

que encuentro

descubro

transido

que

ya una vez

le estuve

acostumbrado


Y me desprendo siempre

extranjero


Naciendo

vuelto de épocas demasiado

vividas


Gozar un sólo

minuto de vida

inicial


Busco un lugar

inocente

 


Giuseppe Ungaretti

 

 

Soneto a Orfeo XIX

/ 05 agosto 2021 /

 

También cambia tan rápido el mundo
como las formas de las nubes,
todo lo terminado cae
hogar de los ancestros.

Sobre el cambio y el andar,
más lejos y más libre,
tu canción aún suena,
Dios de la lira.

Los sufrimientos no se entienden,
ni se aprende el amor,
y lo que la muerte
nos quita,

no es revelado.
Solamente la canción sobre la tierra
consagra y engrandece.


 

Rainer Maria Rilke

Palabras

/ 24 julio 2021 /


Solo: tú y las palabras,
y solo de verdad,
clarines y arcos de triunfo
no están en este ser.

Tú les miras el alma,
su primer rostro buscas
años y años - mátate,
no vas a encontrar nada.

Y allí lucen antorchas,
en aquel dulce hogar
donde moran los hombres,
y de labios rosados,
cuelga, de labios húmedos,
cual perla, inofensiva, la palabra.

Mas tus años se ajan
de un modo diferente,
hasta los sueños: silabas -
mas tú, callado, te vas yendo

 

Gottfried Benn


(Versión de Eustaquio Barjau)

Mi Mirada

/ 17 julio 2021 /


 

Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de ir por los caminos

mirando a la derecha y a la izquierda,
y de vez en cuando mirando para atrás...
Y lo que veo a cada instante
es lo que nunca había visto antes,
y me doy cuenta muy bien de ello...

Sé sentir el pasmo esencial
que tiene
un niño si, al nacer,
de veras reparase en que nacía...
Me siento nacido a cada instante

a la eterna novedad del mundo...
Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo.
Pero no pienso en él
porque pensar es no comprender...
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo...

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
Si hablo de la naturaleza, no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,

porque quien ama nunca sabe lo que ama

ni sabe por qué ama, ni lo que es amar...

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar...

 

Fernando Pessoa
(Alvaro Caeiro)

Porque escribí

/ 11 junio 2021 /


 

Ahora que quizás, en un año de calma,

piense: la poesía me sirvió para esto:

no pude ser feliz, ello me fue negado,

pero escribí.


Escribí: fui la víctima

de la mendicidad y el orgullo mezclados

y ajusticié también a unos pocos lectores;

tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;

una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.


Pero escribí: tuve esta rara certeza,

la ilusión de tener el mundo entre las manos

—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco

con toda su crueldad innecesaria—

Escribí, mi escritura fue como la maleza

de flores ácimas pero flores en fin,

el pan de cada día de las tierras eriazas:

una caparazón de espinas y raíces


De la vida tomé todas estas palabras

como un niño oropel, guijarros junto al río:

las cosas de una magia, perfectamente inútiles

pero que siempre vuelven a renovar su encanto.


La especie de locura con que vuela un anciano

detrás de las palomas imitándolas

me fue dada en lugar de servir para algo.

Me condené escribiendo a que todos dudarán

de mi existencia real,

(días de mi escritura, solar del extranjero).

Todos los que sirvieron y los que fueron servidos

digo que pasarán porque escribí

y hacerlo significa trabajar con la muerte

codo a codo, robarle unos cuantos secretos.

En su origen el río es una veta de agua

—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—

luego, al final, un mar que nadie ve

de los que están braceándose la vida.

Porque escribí fui un odio vergonzante,

pero el mar forma parte de mi escritura misma:

línea de la rompiente en que un verso se espuma

yo puedo reiterar la poesía.


Estuve enfermo, sin lugar a dudas

y no sólo de insomnio,

también de ideas fijas que me hicieron leer

con obscena atención a unos cuantos psicólogos,

pero escribí y el crimen fue menor,

lo pagué verso a verso hasta escribirlo,

porque de la palabra que se ajusta al abismo

surge un poco de oscura inteligencia

y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.


Porque escribí no estuve en casa del verdugo

ni me dejé llevar por el amor a Dios

ni acepté que los hombres fueran dioses

ni me hice desear como escribiente

ni la pobreza me pareció atroz

ni el poder una cosa deseable

ni me lavé ni me ensucié las manos

ni fueron vírgenes mis mejores amigas

ni tuve como amigo a un fariseo

ni a pesar de la cólera

quise desbaratar a mi enemigo.


Pero escribí y me muero por mi cuenta,

porque escribí porque escribí estoy vivo.

 

 

Enrique Lihn 

 



 

.

La muchacha del semáforo

/ 01 enero 2021 /

 

Tienes la misma edad que yo tenía 

cuando empezaba a soñar en encontrarte. 

No sabía aún, igual que tú

no lo has aprendido aún, que algún día

el amor es esta arma cargada

de soledad y de melancolía

que ahora te está apuntando desde mis ojos.

Tú eres la muchacha que yo estuve buscando

durante tanto tiempo cuando aún no existías.

Y yo soy aquel hombre hacia el cual

querrás un día dirigir tus pasos.

Pero estaré entonces tan lejos de ti

como ahora tú de mí en este semáforo.

 

Joan Margarit 

Apostilla

/ 08 octubre 2020 /

¡Aprovechar el tiempo!
¿Pero qué es el tiempo, para que yo lo aproveche?
¡Aprovechar el tiempo!
Ningún día sin línea...
El trabajo honesto y superior...
El trabajo a la manera de Virgilio, a la de Milton...
¡Pero es tan difícil ser honesto o superior!
¡Es tan poco probable ser Milton o ser Virgilio!


¡Aprovechar el tiempo!
Arrancar del alma los bocados precisos —ni más ni menos—
para reunir con ellos los bloques precisos
que marcan sus improntas firmes en la historia
(y que también son firmes del lado de abajo que no se ve)...
Poner las sensaciones en un castillo de naipes, pobre China de las veladas,
y los pensamientos en dominó, igual con igual,
Y la voluntad en carambola difícil.
Imágenes de juegos o de solitarios o de pasatiempos —
Imágenes de la vida, imágenes de las vidas, Imágenes de la Vida.


Verbalismo...
Sí, verbalismo...
¡Aprovechar el tiempo!
No tener un minuto que el examen de consciencia desconozca.
No tener un acto indefinido ni facticio...
No tener un movimiento ajeno a los propósitos...
Buenas maneras del alma...
Elegancia de persistir...


¡Aprovechar el tiempo!
Mi corazón está cansado como mendigo verdadero.
Mi cerebro está listo como un fardo puesto al rincón.
Mi canto (¡verbalismo!) está tal como está y es triste.
¡Aprovechar el tiempo!
Desde que comencé a escribir han pasado cinco minutos.
¿Los he aprovechado o no?
Si no sé si los aproveché, ¿qué voy a saber de otros minutos?


(Pasajera que viajabas tantas veces en el mismo compartimiento conmigo
en el tren suburbano,
¿llegaste a interesarte en mí?
¿Aproveché el tiempo mirándote?
¿Cuál fue el ritmo de nuestro sosiego en el tren en marcha?
¿Cuál fue el entendimiento que no llegamos a tener?
¿Cuál fue la vida que hubo en esto? ¿Acaso fue esto la vida?)


¡Aprovechar el tiempo!
¡Ah, déjenme que no aproveche nada!
¡Ni tiempo, ni ser, ni memorias de tiempo o de ser!...
Déjenme ser una hoja de árbol, estremecida por brisas,
el polvo de un camino involuntario y solo,
el surco dejado en el camino por las ruedas mientras no pasen otras,
el trompo del muchacho, a punto de parar,
que oscila, con el mismo movimiento que la tierra,
y se estremece, con el mismo movimiento que el alma, y cae, como caen los dioses, en el suelo del Destino.

 

Álvaro de Campos
(Fernando Pessoa)

 

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