Los gatos lo sabrán

/ 30 septiembre 2021 /


Aún caerá la lluvia

sobre dulces empedrados,

una lluvia ligera

como un hálito o un paso.

Aún la brisa y el alba

florecerán ligeras

como bajo tu paso,

y tú regresarás.

Entre flores y alféizares,

los gatos lo sabrán.


Llegarán otros días,

llegarán otras voces.

Sonreirás sola.

Los gatos lo sabrán.

Oirás viejas palabras,

vanas y cansadas

como vestidos usados

de las fiestas pasadas.


Tú también harás gestos.

Responderás palabras;

rostro de primavera,

tú también harás gestos.


Los gatos lo sabrán,

rostro de primavera,

y la lluvia ligera,

el alba de jacinto,

que el corazón lacera

de quien no te espera,

son la triste sonrisa

que tú sonríes sola,

Llegarán otros días,

voces y despertares.

Sufriremos al alba,

rostro de primavera.

 


Cesare Pavese

 

 


 

 

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Fuga de la muerte

/ 15 septiembre 2021 /


 

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche

bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita



Paul Celan


(Traducción de de José Ángel Valente)

 

Tres poemas de Ungaretti

/ 23 agosto 2021 /

 

  

A la salida


Quién viniera conmigo a través de los campos


El sol se esparce en diamantinas

gotas de agua

sobre la frágil hierba


Me recuesto con

el placer

del apacible corazón del universo


Las montañas crecen

en corrientes de sombra lila

y se perfilan contra el cielo


En la luminosa cúpula arriba

el hechizo se ha roto


Y yo retorno hacia mí

y anidado me escondo dentro de mí mismo




Distante


Distante en una tierra distante

como a un hombre ciego

ellos me han abandonado




Vagabundo


En ningún

sitio

de la tierra

me puedo

afincar


A cada

nuevo

clima

que encuentro

descubro

transido

que

ya una vez

le estuve

acostumbrado


Y me desprendo siempre

extranjero


Naciendo

vuelto de épocas demasiado

vividas


Gozar un sólo

minuto de vida

inicial


Busco un lugar

inocente

 


Giuseppe Ungaretti

 

 

Soneto a Orfeo XIX

/ 05 agosto 2021 /

 

También cambia tan rápido el mundo
como las formas de las nubes,
todo lo terminado cae
hogar de los ancestros.

Sobre el cambio y el andar,
más lejos y más libre,
tu canción aún suena,
Dios de la lira.

Los sufrimientos no se entienden,
ni se aprende el amor,
y lo que la muerte
nos quita,

no es revelado.
Solamente la canción sobre la tierra
consagra y engrandece.


 

Rainer Maria Rilke

Palabras

/ 24 julio 2021 /


Solo: tú y las palabras,
y solo de verdad,
clarines y arcos de triunfo
no están en este ser.

Tú les miras el alma,
su primer rostro buscas
años y años - mátate,
no vas a encontrar nada.

Y allí lucen antorchas,
en aquel dulce hogar
donde moran los hombres,
y de labios rosados,
cuelga, de labios húmedos,
cual perla, inofensiva, la palabra.

Mas tus años se ajan
de un modo diferente,
hasta los sueños: silabas -
mas tú, callado, te vas yendo

 

Gottfried Benn


(Versión de Eustaquio Barjau)

Mi Mirada

/ 17 julio 2021 /


 

Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de ir por los caminos

mirando a la derecha y a la izquierda,
y de vez en cuando mirando para atrás...
Y lo que veo a cada instante
es lo que nunca había visto antes,
y me doy cuenta muy bien de ello...

Sé sentir el pasmo esencial
que tiene
un niño si, al nacer,
de veras reparase en que nacía...
Me siento nacido a cada instante

a la eterna novedad del mundo...
Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo.
Pero no pienso en él
porque pensar es no comprender...
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo...

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
Si hablo de la naturaleza, no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,

porque quien ama nunca sabe lo que ama

ni sabe por qué ama, ni lo que es amar...

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar...

 

Fernando Pessoa
(Alvaro Caeiro)

Porque escribí

/ 11 junio 2021 /


 

Ahora que quizás, en un año de calma,

piense: la poesía me sirvió para esto:

no pude ser feliz, ello me fue negado,

pero escribí.


Escribí: fui la víctima

de la mendicidad y el orgullo mezclados

y ajusticié también a unos pocos lectores;

tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;

una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.


Pero escribí: tuve esta rara certeza,

la ilusión de tener el mundo entre las manos

—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco

con toda su crueldad innecesaria—

Escribí, mi escritura fue como la maleza

de flores ácimas pero flores en fin,

el pan de cada día de las tierras eriazas:

una caparazón de espinas y raíces


De la vida tomé todas estas palabras

como un niño oropel, guijarros junto al río:

las cosas de una magia, perfectamente inútiles

pero que siempre vuelven a renovar su encanto.


La especie de locura con que vuela un anciano

detrás de las palomas imitándolas

me fue dada en lugar de servir para algo.

Me condené escribiendo a que todos dudarán

de mi existencia real,

(días de mi escritura, solar del extranjero).

Todos los que sirvieron y los que fueron servidos

digo que pasarán porque escribí

y hacerlo significa trabajar con la muerte

codo a codo, robarle unos cuantos secretos.

En su origen el río es una veta de agua

—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—

luego, al final, un mar que nadie ve

de los que están braceándose la vida.

Porque escribí fui un odio vergonzante,

pero el mar forma parte de mi escritura misma:

línea de la rompiente en que un verso se espuma

yo puedo reiterar la poesía.


Estuve enfermo, sin lugar a dudas

y no sólo de insomnio,

también de ideas fijas que me hicieron leer

con obscena atención a unos cuantos psicólogos,

pero escribí y el crimen fue menor,

lo pagué verso a verso hasta escribirlo,

porque de la palabra que se ajusta al abismo

surge un poco de oscura inteligencia

y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.


Porque escribí no estuve en casa del verdugo

ni me dejé llevar por el amor a Dios

ni acepté que los hombres fueran dioses

ni me hice desear como escribiente

ni la pobreza me pareció atroz

ni el poder una cosa deseable

ni me lavé ni me ensucié las manos

ni fueron vírgenes mis mejores amigas

ni tuve como amigo a un fariseo

ni a pesar de la cólera

quise desbaratar a mi enemigo.


Pero escribí y me muero por mi cuenta,

porque escribí porque escribí estoy vivo.

 

 

Enrique Lihn 

 



 

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