Cuando las amadas palabras cotidianas pierden su sentido y no se puede nombrar ni el pan, ni el agua, ni la ventana, y ha sido falso todo diálogo que no sea con nuestra desolada imagen, aún se miran las destrozadas estampas en el libro del hermano menor, es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa, y ver que en el viejo armario conservan su alegría el licor de guindas que preparó la abuela y las manzanas puestas a guardar.
Cuando la forma de los árboles ya no es sino el leve recuerdo de su forma, una mentira inventada por la turbia memoria del otoño, y los días tienen la confusión del desván a donde nadie sube y la cruel blancura de la eternidad hace que la luz huya de sí misma, algo nos recuerda la verdad que amamos antes de conocer: las ramas se quiebran levemente, el palomar se llena de aleteos, el granero sueña otra vez con el sol, encendemos para la fiesta los pálidos candelabros del salón polvoriento y el silencio nos revela el secreto que no queríamos escuchar.
DESPEDIDA
...el caso no ofrece ningún adorno para la diadema de las Musas. --Ezra Pound
Me despido de mi mano que pudo mostrar el paso del rayo o la quietud de las piedras bajo las nieves de antaño.
Para que vuelvan a ser bosques y arenas me despido del papel blanco y de la tinta azul de donde surgían ríos perezosos, cerdos en las calles, molinos vacíos.
Me despido de los amigos en quienes más he confiado: los conejos y las polillas, las nubes harapientas del verano, mi sombra que solía hablarme en voz baja.
Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta: los fracasados, las cajas de música, los murciélagos que al atardecer se deshojan de los bosques de casas de madera.
Me despido de los amigos silenciosos a los que sólo les importa saber dónde se puede beber algo de vino y para los cuales todos los días no son sino un pretexto para entonar canciones pasadas de moda.
Me despido de una muchacha que sin preguntarme si la amaba o no la amaba camino conmigo y se acostó conmigo cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan de humaredas de hojas quemándose en las acequias. Me despido de una muchacha cuya cara suelo ver en sueños iluminada por la triste mirada de linternas de trenes que parten bajo la lluvia.
Me despido de la memoria y me despido de la nostalgia -la sal y el agua de mis días sin objeto-
y me despido de estos poemas: palabras, palabras -un poco de aire movido por los labios- palabras para ocultar quizás lo único verdadero: que respiramos y dejamos de respirar.
BOTELLA AL MAR
Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes. Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados. Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos.
BLUE
Veré nuevos rostros Veré nuevos días Seré olvidado Tendré recuerdos Veré salir el sol cuando sale el sol Veré caer la lluvia cuando llueve Me pasearé sin asunto De un lado a otro Aburriré a medio mundo Contando la misma historia Me sentaré a escribir una carta Que no me interesa enviar O a mirar a los niños En los parques de juego.
Siempre llegaré al mismo puente A mirar el mismo río Iré a ver películas tontas Abriré los brazos para abrazar el vacío Tomaré vino sí me ofrecen vino Tomaré agua si me ofrecen agua Y me engañaré diciendo: "Vendrán nuevos rostros Vendrán nuevos días".
CUANDO TODOS SE VAYAN
Cuando todos se vayan a otros planetas yo quedaré en la ciudad abandonada bebiendo un último vaso de cerveza, y luego volveré al pueblo donde siempre regreso como el borracho a la taberna y el niño a cabalgar en el balancín roto. Y en el pueblo no tendré nada que hacer, sino echarme luciérnagas a los bolsillos o caminar a orillas de rieles oxidados o sentarme en el roído mostrador de un almacén para hablar con antiguos compañeros de escuela.
Como una araña que recorre los mismos hilos de su red caminaré sin prisa por las calles invadidas de malezas mirando los palomares que se vienen abajo, hasta llegar a mi casa donde me encerraré a escuchar discos de un cantante de 1930 sin cuidarme jamás de mirar los caminos infinitos trazados por los cohetes en el espacio.
En las noches sin sueño; en esa hora de la rauda memoria que precede al olvido pasan por mi cabeza ─como ante la pantalla de un cine desbocado─ escenas gestos voces alegrías, persecuciones, himnos; pero de entre las cosas que vuelven desde el fondo sin límites del alma asoman su contorno y surgen las extrañas habitaciones en las que yo he vivido.
A veces me contemplan los sillones de la casa del padre y me preguntan por mis zapatos nuevos por aquella pelota que un día me quitaron por el perro que murió. También me observan los espejos recordando mi rostro cubierto de jabón: me saludan y me encuentran más viejo.
Una silla otras veces salta desde el rincón más alejado de aquel cuarto que fue mi residencia de estudiante y desde allí me grita me canta las virtudes de aquel vino repite mis lecciones de memoria y me despierta con una campana.
También llega un pasillo que me conduce de la mano hasta el cuarto encalado de mis veranos libres: me encierra allí y aguarda la bienvenida del ropero; y escucha ─agazapado tras la puerta─ nuestras conversaciones hablando de la caza y de los higos o de aquella camisa de soldado que todavía guarda.
Están después aquellas otras habitaciones silenciosas que no preguntan nada; mas me miran reprochando algo feo que debió suceder y no recuerdo y lanzan sus lavabos como una acusación disparatada dirigiéndome sordos ruidos con sus desagües pecadores para llamarme al arrepentimiento.
Así en las altas noches me cercan y preguntan estas habitaciones de mi vida estos cuartos sus muebles sus dinteles y en un agobio de percheros de alfombras y de libros olvidados me recuerdan el tiempo que dejé como un trapo. hecho jirones entre sus paredes.
Me celebro y me canto a mí mismo. Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir, pues cada átomo mío es también tuyo. Vago al azar e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo sobre la tierra, para contemplar un tallo de hierba.
Mi lengua, cada molécula de mi sangre formada por esta tierra y este aire. Nacido aquí de padres cuyos padres nacieron aquí y cuyos padres también aquí nacieron. A los treinta y siete años de edad, gozando de perfecta salud, comienzo y espero no detenerme hasta morir.
Que se callen los credos y las escuelas, que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y sin olvidarlo nunca. Me brindo al bien y al mal, me permito hablar hasta correr peligro. Naturaleza sin freno, original energía.
Felices los normales, esos seres extraños, Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente, Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida, Los que no han sido calcinados por un amor devorante, Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más, Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros, Los satisfechos, los gordos, los lindos, Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí, Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura, Los flautistas acompañados por ratones, Los vendedores y sus compradores, Los caballeros ligeramente sobrehumanos, Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos, Los delicados, los sensatos, los finos, Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles. Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños, Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos Que sus padres y más delincuentes que sus hijos Y más devorados por amores calcinantes. Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.
¡Ven con lluvia, oh ruidoso suroeste! Trae al cantor, trae las nidadas; Da a la enterrada flor un sueño; Haz humear el asentado montículo de nieve; Encuentra lo marrón debajo del blanco; Pero hagas lo que hagas esta noche, Baña mi ventana, hazla fluir, Derrítela como el hielo que se va; Derrite la ventana y deja las tablas; Como el crucifijo de un ermitaño; Irrumpe en mi estrecha casucha; Balanceando el cuadro en la pared; Agita las páginas rápidamente; Siembra de poemas el suelo; Arroja al poeta por la puerta.
Las paredes de mi casa son de papel; por eso las he pintado, para que nadie pueda rasgarlas. Diseñé motivos acuáticos, fuentes y pájaros. Es mi esperanza que los enemigos no adviertan la presencia de las aves, porque sólo un lago puede cerrar en el acto el tajo de una espada. Mientras tanto, en un cuarto interior, con mis amigos, sin más precaución ni cautela, ruidosos como cien gansos gigantescos, bebemos el dorado licor del árbol de la sidra.
LA DESCONFIANZA COMO PRUEBA DE POCA SABIDURÍA
La duda cierra la posibilidad, el ciclo y todo reverdor. Tengo un amigo que no vive sino para ser traicionado. Si por algo lo admiro es por su persistencia en la confianza, pese al tono sombrío del augurio. Se levanta cada mañana y permanece invariablemente aferrado a la femenina forma de la Tierra.
EN AGUAS BAJAS
Mis poemas antes tenían toda la profundidad de la superficie. Ahora tienen toda la superficialidad de lo profundo. Yo sé de la molicie que espera en las aguas bajas.