El verano pasado cortó mi última vena.
¿Oíste si hablaron de mi muerte,
de mi entierro silencioso y tímido?
La gran farsa es que entierren al muerto, que hablen de él, que lo lleven por las calles de la ciudad y luego
lo oculten en una fosa.
Ojalá el ataúd se derritiera como mi corazón
y desapareciera como los sueños de un niño.
¿Oíste si hablaron de mi muerte,
de ese cáliz venenoso,
de esa muerte que ansía la muerte?
Deben de haber hablado, sí.
Fuimos arrojados, yo y tu sepulturero, a la misma fosa.
Salma Khadra Jayyusi


