Confesión de un terrorista

/ 08 abril 2026 /

Ocuparon mi pais,
expulsaron a mi pueblo,
anularon mi identidad.
Y me llamaron terrorista.

Confiscaron mi propiedad,
arrancaron mis cosechas,
demolieron mi casa.
Y me llamaron terrorista.

Legislaron leyes fascistas,
instauraron el apartheid.
Destruyeron, dividieron, humillaron.
Y me llamaron terrorista.

Asesinaron mis alegrías,
secuestraron mis esperanzas,
esposaron mis sueños.
Y cuando rechacé todas las barbaries,
y decidí defenderme, ellos… 
¡Mataron un terrorista!


Mahmoud Darwish


2 poemas de Ahmad al-shahawy

/ 04 abril 2026 /


ENTRE LOS DOS TECHOS DEL CIELO

Desde pequeño en la aldea,
siempre creí que era tan bajo el techo del cielo
que podía tocarlo con la mano, cada noche,
y llenarme los bolsillos de estrellas.

Mas, desde ayer,
desde que llegué al desierto,
vi la arena tan soñadora como su vientre,
el agua tan roja como sus labios
y probé la lengua de su insomne bahía.

Ahora sé que el techo del cielo está lejos
y que mis sueños pequeños
escalaron hasta sus aguas.



DUELO POR UNA CANCIÓN

“De nada sirves –escribió-,
un camino trillado eres,
un número atado a la cola de un caballo,
una tumba fría,
abandonado en el infierno,
un árbol sin corteza en el desierto,
un hilo sin aguja,
una puerta quemada rumiando las manos que alguna vez la
han tocado,
un pájaro aterido por el derrame del sol,
letra muerta,
un libro caído del collar de una paloma,
línea aislada en busca del punto,
una montaña desnuda nadando en las nubes,
espejo oscuro abandonado por una mujer,
un duelo por una canción,
el frufrú de seda apagado”.

¿A dónde me lleva la puerta cerrada? –me pregunté-.
¿Se librarán los nombres con solo mover los hombros?
¿Se librará la coma del punto y coma?
¿Se me caerá el mundo encima?

Me acogeré otra vez al ritmo,
a un silencio heredado de mi madre,
me libraré de verte,
y se librará el alma de hablar
a una sola letra
de tu nombre.



Ahmad al-shahawy


Apegado a mí

/ 31 marzo 2026 /

Velloncito de mi carne
que en mi entraña yo tejí,
velloncito friolento,
duérmete apegado a mí!

La perdiz duerme en el trébol
escuchándole latir:
no te turbes por mi aliento,
duérmete apegado a mí!

Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho,
duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
No resbales de mi brazo:
duérmete apegado a mí!


Gabriela Mistral

 


 

Todo lo que se nos puede caer del cuerpo

/ 26 marzo 2026 /

Todo lo que se nos puede caer del cuerpo
lo dejamos transformarse en polvo:
en estos tiempos nos disponemos
como árboles en otoño, que uno a uno

entregan las hojas y algunas flores tardías
al viento otoñal estirando sus cuerpos
en el duro invierno. Nos disponemos a estar
en la naturaleza como la muda de la ninfa de la cigarra

que deja el caparazón dentro de la tierra.
Nos preparamos a nosotros mismos
para esa muerte futura, como un fragmento de canción

que va cayendo del cuerpo de la música
y, al final, la música que queda,
se convierte en una silenciosa colina verde.



Feng Zhi

La muralla

/ 22 marzo 2026 /


Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.

Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.

—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel…
—¡Cierra la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El alacrán y el ciempiés…
—¡Cierra la muralla!


Nicolás Guillén


O fueron nueve

/ 18 marzo 2026 /

Tal vez tuvimos sólo siete noches
no sé
no las conté
cómo hubiera podido.
Tal vez no más que seis
o fueron nueve.
No sé
pero valieron
como el más largo amor.
Tal vez
de cuatro o cinco noches como ésas
pero precisamente como ésas
tal vez
pueda vivirse
como de un largo amor
toda la vida.


Idea Vilariño

En el bosque

/ 14 marzo 2026 /

El suave rocío
Como un suave cohete
inunda mis ojos;
La brisa modula
Y su lamento ondula
En lo profundo del cielo.

Su temblor acaricia
La rama que teje
Sus nudos a mis pies;
La hoja tiembla
Y el pájaro zumba
Expresando rítmicamente sus deseos.

Algo se desliza
Bajo la hierba doblada
Una gran cinta verde.
Voces de amor
Lloran, lánguidas,
Por haber sufrido demasiado…

La playa lejana
Sonríe, insegura,
Entre sus brumas;
Y mi alma sufre,
Como en un abismo,
¡Y lloran corazones!


May Ziade

Son las gaviotas

/ 09 marzo 2026 /


Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tú no escuchas, absorta.

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.


Ángel González 

El viaje

/ 02 marzo 2026 /

I

Para el niño, enamorado de mapas y estampas,
El universo es igual a su vasto apetito.
¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas!
¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!

Una mañana zarpamos, la mente inflamada,
El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos,
Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda
Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.

Algunos, dichosos al huir de una patria infame;
Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados,
Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,
La Circe tiránica de los peligrosos perfumes.

Para no convertirse en bestias, se embriagan
De espacio y de luz, y de cielos incendiados;
El hielo que los muerde, los soles que los broncean,
Borran lentamente la huella de los besos.

Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!

¡Son aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que como el conscripto, sueñan con el cañón,
En intensas voluptuosidades, mutables, desconocidas,
Y de las que el espíritu humano jamás ha conocido el nombre!


Charles Baudelaire

2 poemas de Floridor

/ 26 febrero 2026 /


CORRESPONDENCIA PENDIENTE CON JORGE TEILLIER

           ¿Qué fue de la foto del niño que fui? Me gustaría verla...
            todos los álbumes desaparecieron tras la diáspora...
            J.T. carta de julio 20/77


Tu foto de infancia se extravió en el diario.
Los duendes del taller me arrebataron
ese regalo de tu madre.
Desde ahora sólo conservaré la imagen
del niño que conocí en un carro de tren
detenido en la estación de Lautaro
ese verano del 48,
mientras don Fernando y don Tomás
se transmiten noticias
en una frecuencia difícil de sintonizar.

Sólo entiendo que por culpa de una Ley Maldita
las malditas enfermedades de sus mujeres
los embargos por deudas y el fantasma
de los destierros a Pisagua,
la situación tendría un desenlace impredecible
como su partida de ajedrez
por el campeonato de Victoria en los años 30,
suspendida para llevar al altar sus damas blancas
que amarillean en el álbum familiar.

Así las cosas no es raro
que tengas la edad de mi hermana mayor
a quien regalas la Historia de Chile
de Luis Galdames que llevas bajo el brazo,
despertando mi envidia
con ese gesto que a medias te hiciste perdonar
con dedicatorias y dedicatorias posteriores.

La frase “adjunto mi último libro”
se repite en tu correspondencia.
En tus Poemas Secretos el 66, anotas:
Separata de 50 ejemplares.
No es para crítica ni comercio.
Sólo ahora, 30 años después, descifro ese mensaje:
no viviste para la crítica ni el comercio
ni escribiste para el comercio de una crítica
que arriscó la nariz ante el aroma limpio
de tus hojas que caen con el cielo del país
que está más allá de las apariencias cotidianas,
pero oculto en esas mismas apariencias
y que nunca jamás se revela a los que olvidan
las palabras heredadas de padres, vecinos, abuelos
dichas en la forma más directa,
como escribes en carta del 63.

Ya el 65 los médicos se alarman
pero a ti sólo un riesgo te quita el sueño:
ser abstemio para toda la vida,
no poder acompañar un asado al palo con un buen trago
es cosa de vida o muerte.
No sé cómo resolveré este problema.
Y no lo resolviste, o se resolvió solo —a costa tuya—
como un complejo problema de Mate en 3 Jugadas
que resolvías de pie junto al tablero, hablando de otra cosa
con un vaso en la mano, sin tocar una pieza.

Diez años después escribes:
tu carta la recibo en un lugar bastante apropiado
aquí se necesita compañía...
y lo repites diez años después, en otra clínica
y diez años después, un 22, suena el teléfono de abril
en esta capital tan parecida a una clínica siquiátrica,
donde cometo la locura de vivir
mientras tú juiciosamente regresas
a un pueblo de verdad
con calles y caminos de verdad,
donde el pie humano todavía deja huella.

Por uno de esos caminos polvorientos de tus poemas
te llevan al cementerio,
pero ahora las flores no son para la hermana,
son para el forastero que regresa
—había que arreglar la tumba familiar—
repartida por el mundo,
mientras yo elijo estas palabras claras y tranquilas
y espero hablar contigo bajo las raíces del aromo
o en esta misma calle Corrientes
que íbamos a recorrer juntos,
pero una vez más, tú volaste más alto.


                                                         Buenos Aires - Santiago, abril de 1996




JORGE LUIS BORGES MIRA JUGAR AL AJEDREZ EN UNA CALLE DE BARRIO


Dios mueve el jugador y éste la pieza
J. L. BORGES

El caballo salta del tablero y pierde por una cabeza en el bar vecino donde los peones pierden la cabeza en alcohol estridente.
La Dama del barrio gira en esa música ebria
Bajo la falda sus piernas se deslizan con movimiento oblicuo de inversos alfiles
El poeta mira al jugador y éste a la pieza absorto en su Torre de marfil sobre un cajón en la vereda
De la cocina viene un olor a fritura que vaga por la cuadra y atrae al rey de los ociosos
Ya somos dos —me digo— ¡tres! me dice Borges que convertido en sol de medio día enceguece a los jugadores y a tientas por cuadros negros y blancos —sombra y luz de sus vidas— cruzan la puerta y se instalan frente a frente en otro juego de platos y cucharas.
Entonces el rey de los ociosos y yo —su paje— enrocan hacia el lado sombrío de la calle
Antes que una nube le impida la visión Jorge Luis Borges me hace un guiño
Con gesto displicente de rey eternamente sin corona.


Floridor Perez


Luna resplandor humo

/ 20 febrero 2026 /


Avanzo pienso 
atrás muy lejos 
está mi corazón de antes
del tiempo nada más quedó una 
risa así que sigo el camino 
no recuerdo nada más 



Mond Glunst Rauch

Ich fahre vorwärts ich denke 
Zurück weit entfernt 
Ist mein Herz von früher 
Zeit blieb nur ein 
Lachen ich fahre also 
Weiter erinnere nichts weiter



Sarah Kirsch


La vida cojeando hacia mi

/ 15 febrero 2026 /

Me convertiré en un jorobado
después de tres desafortunados años delante del ordenador.
Me volveré impotente
tras siete años de aventuras desmesuradas.
Me convertiré en un racista
tras fracasados encuentros con otros grupos étnicos.
Estrecharé mis horizontes
al sentarme demasiado tiempo con mis pensamientos.
Me convertiré en un beato
con los excesos de mi ateísmo.

Señor: ¿Es la vida que viene hacia mí cojeando
o es un supermercado de deformidades?

Najwan Darwish

Piu Avanti

/ 10 febrero 2026 /

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…

¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!


Almafuerte

A ti, dentro de un siglo

/ 06 febrero 2026 /

A ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,
de las entrañas mismas de un condenado a muerte,
con mi mano te escribo.

¡Amigo, no me busques! ¡Los tiempos han cambiado
y ya no me recuerdan ni los viejos!
¡No alcanzo con la boca las aguas del Leteo!
Extiendo las dos manos.

Tus ojos: dos hogueras,
ardiendo en mi sepulcro —el infierno—
y mirando a la de las manos inmóviles,
la que murió hace un siglo.

En mis manos —un puñado de polvo—
mis versos. Adivino que en el viento
buscarás mi casa natal.
O mi casa mortuoria.

Orgullo: cómo miras a las mujeres,
las vivas, las felices; yo capto las palabras:
“¡Impostoras! ¡Ya todas están muertas!
Solo ella está viva.

Igual que un voluntario le ha servido.
Conozco sus anillos y todos sus secretos.
¡Ladronas de los muertos!
¡De ella son los anillos!”

¡Mis anillos! Me pesa,
hoy me arrepiento
de haberlos regalado sin medida.
¡Y no supe esperarte!

También me da tristeza que esta tarde
tras el sol haya ido tanto tiempo
y he ido a tu encuentro,
dentro de un siglo.

Apuesto —dice él— que vas a maldecir
a todos mis amigos en sus oscuras tumbas.
¡Todos la celebraban! Pero un vestido rosa
nadie le ofreció.

¿Quién era el generoso? Yo no: soy egoísta.
No oculto mi interés si no me matas.
A todos les pedía cartas,
para por las noches besarlas.

¿Decirlo? ¡Lo diré! El no-ser es un tópico.
Y ahora, para mí, eres ardiente huésped.
Les negarás la gracia a todas las amantes
para amar a la que hoy es solo huesos.

Marina Tsvetáieva

El Premio Nobel

/ 03 febrero 2026 /

El Premio Nobel de Lectura
me lo debieran dar a mí
que soy el lector ideal
y leo todo lo que pillo:
leo los nombres de las calles
y los letreros luminosos
y las murallas de los baños
y las nuevas listas de precios
y las noticias policiales
y los pronósticos del Derby
y las patentes de los autos
para un sujeto como yo
la palabra es algo sagrado
señores miembros del jurado
qué ganaría con mentirles
soy un lector empedernido
me leo todo - no me salto
ni los avisos económicos
claro que ahora leo poco
no dispongo de mucho tiempo
pero caramba que he leído
por eso pido que me den
el Premio Nóbel de Lectura
a la brevedad imposible


Nicanor Parra

 


Qué lástima

/ 28 enero 2026 /

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!


 León Felipe

Adiciones al pasado

/ 24 enero 2026 /


Las cartas en la recámara de la viuda
En la cesta de paja
En la cama purgada de sueño
En la intención de ayuno que se esconde
En el aire del corredor.

Los vegetales, normalmente comprados en la mañana
Los boletos,
El autobús matinal en un jueves
Las almohadas
Las velas
La indulgencia…. donde las frases sacras están
Estridentemente grabadas
En las tallas.

El borde de la alacena desde la fisura de la puerta
La puerta misma…donde los himnos congregados
Aletean como pañuelos en la oscuridad de la llanura.

La sombra del aire
La novela que ella no ha devuelto al estante,
¡Ella no puede recordar!
Sus héroes caen muertos en el piso
Ella los barre
Uno tras otro
Con su escoba, sus reproches y sus plegarias.

Las cartas permanecieron cerradas
Los muertos
Regresaron por la fisura de la puerta
Para robar el florero
La sábana naranja
Y los velos.


Ghassan Zaqtan


Dos poemas de Jacobsen

/ 20 enero 2026 /



EN VOZ BAJA

Palabras
solo pequeñas
palabras pequeñas
y en voz baja
casi sin aliento
para nosotros

como pajitas rotas
palabras sin luz
y casi sin forma,
palabras como en árboles,
pequeñas medias-palabras
como en el sueño
para nosotros

Entre todo lo grande
pequeñas, pequeñas palabras
que esconden
en el dorso de una mano
y junto a tu lóbulo
pequeñas palabras
completamente sin luz
como animales
y hierba.


Lavmaelt
Ord
bare små
små ord
og lavmælt
nesten uten pust
for oss

som brukne strå
ord uten lys
og nesten uten form,
ord som hos trær,
små halv-ord
som i søvn
for oss.

Mellem alt det store
små, små ord
å gjemme bort
på baksiden av en hånd
og ved din øreflipp
små ord
helt uten lys
som dyr
og gress.



CARTA A LA LUZ

El periódico de esta mañana está muy desdoblado.
En la tierra es un nuevo día
y un tractor que está en funcionamiento con su propio
puño grumoso
escribe una carta a la luz, cada letra
lo tararea en voz alta para sí mismo, porque tiene
mucho que decir
que todo viene, tanto los truenos como las abejas,
el camino de la hormiga que ha tendido a su pequeño
Pie de seda en la hierba, nuestra paz.
y el malestar que tenemos con todo, debe incluirlo.
Grandes líneas húmedas y una mano lenta.
que tiembla mucho pero ya está todo dicho,
la página está llena y todo se presenta abiertamente
como una carta a nadie, la carta de los arados
a la luz que puede leer a voluntad.

  

Brev til lyset
Morgenens papir er veldig foldet ut
på jorden, det er en ny dag
og en traktor som alt er fremme med sin
klumpete neve
og skriver et brev til lyset, hver bokstav
brummer den høyt for seg selv, for det har
meget å si
at alt kommer med, både tordnen og biene,
maurveien som har strukket ut sin lille
silkefot i gresset, vår fred
og den uro vi har med alt, skal den ha med.
Store fuktige linjer og en langsom hånd
som ryster svært men nu er alt sagt,
siden er full og alt legges åpent frem
som et brev til ingen, plogenes brev
til lyset som den kan lese som vil.

                

Rolf Jacobsen

 

El perro vagabundo

/ 16 enero 2026 /

 

Flaco, lanudo y sucio. Con febriles
ansias roe y escarba la basura;
a pesar de sus años juveniles,
despide cierto olor a sepultura.
 
Cruza siguiendo interminables viajes
los paseos, las plazas y las ferias;
cruza como una sombra los parajes,
recitando un poema de miserias.
 
Es una larga historia de perezas,
días sin pan y noches sin guarida.
Hay aglomeraciones de tristezas
en sus ojos vidriosos y sin vida.
 
Y otra visión al pobre no se ofrece
que la que suelen ver sus ojos zarcos;
la estrella compasiva que aparece
en la luz miserable de los charcos.
 
Cuando a roer mendrugos corrompidos
asoma su miseria, por las casas,
escapa con sus lúgubres aullidos
entre una doble fila de amenazas.
 
Allá va. Lleva encima algo de abyecto.
Le persigue de insectos un enjambre,
y va su pobre y repugnante aspecto
cantando triste la canción del hambre.
 
Es frase de dolor. Es una queja
lanzada ha tiempo, pero ya perdida;
es un día de otoño que se aleja
entre la primavera de la vida.
 
Lleva en su mal la pesadez del plomo.
Nunca la caridad le fue propicia;
no ha sentido jamás sobre su lomo
la suave sensación de una caricia.
 
Mustio y cansado, sin saber su anhelo,
suele cortar el impensado viaje
y huir despavorido cuando al suelo
caen las hojas secas del ramaje.
 
Cerca de los lugares donde hay fiestas
suele robar un hueso a otros lebreles,
y gruñir sordamente una protesta
cuando pasa un bull—dog con cascabeles.
 
En las calles que cruza a paso lento,
buscan sus ojos sin fulgor ni brillo
el rastro de un mendigo macilento
a quien piensa servir de lazarillo.

 Carlos Pezoa Véliz

1999

/ 12 enero 2026 /

Yo ya había vivido en un desierto. En serio. Olvidé el za’atar* que mi madre decía que me daba en Irak. Olvidé la casa de mi abuela en Suu-ri-ya**. Ahí estaba yo, comiendo los higos chumbos aunque siempre me picase la lengua luego. En Tejas, una profesora me dijo que yo nunca aprendería a pronunciar mi propio nombre en inglés, y tenía razón. Lloré hasta que mi madre me llevó a un McDonald’s. En esa casa yo era la única niña. Bailaba en el invierno caluroso. Diez años después, un niño me dejaría el brazo lleno de marcas por haberle llamado redneck. Me llevé el cortavientos rosa de Barbie que una niña se dejó en el patio de la escuela. No tenía nada en los bolsillos. Antes incluso de que saliera el sol, mi padre salía fuera a fumar y mirar los pájaros volar al este. Los más feos eran los que más le gustaban.


Hala Alyan


______
(*) za’atar: Condimento muy popular en la cocina árabe. Corresponde a una mezcla 
                   de varias hierbas aromáticas.
(**) Suu-ri-ya: Expresión árabe para Siria.

Tijeretas

/ 08 enero 2026 /

Tu tarta de ron cubierta de almendras llegó
esta mañana a mi puerta
con una pinta deliciosa. El mensajero aparcó al pie
de la colina y subió el sendero a pie.
No se movía nada más en aquella estampa tan fría.
Hacía frío dentro y fuera. Firmé,
le di las gracias y entré de nuevo.
Abrí la pesada tapa, arranqué
las grapas de la bolsa y hallé
dentro la lata con el pastel.
Rasgué el adhesivo de la tapa
y la abrí haciendo palanca. Aparté el papel de aluminio
y percibí el aroma de aquella delicia.
Fue entonces cuando apareció
una tijereta. Una tijereta
metido en tu pastel. Mareado
por el ron. Subió hasta el borde de la lata.
Correteó alocadamente por la mesa para
intentar alcanzar el frutero. No lo maté.
De momento. Tenía sensaciones
contradictorias. Estaba disgustado, desde luego. Pero
también sorprendido. Incluso sentía admiración. Esa criatura
había hecho 3000 millas, había viajado toda la noche
en un avión, dentro de una tarta, entre almendras peladas
y el mareante olor del ron. Luego
en camión por una carretera de montaña y
llevado a pie colina arriba con este frío hasta esta casa
con vistas al océano Pacífico. Una tijereta.
Déjale vivir, pensé. ¿Qué importa uno más
o menos en el mundo? Puede que éste
sea especial. Un aura sobre su extraña cabeza.
Saqué el pastel del envoltorio
¡y aparecieron tres tijeretas más
en la lata! Me pilló tan de sorpresa
que no sabía si matarlos
o qué. Me pudo la rabia
y los aplasté. Murieron aplastados
antes de que pudieran escapar. Fue una masacre.
Mientras lo hacía, encontré y aplasté
al otro, sin remedio.
No había hecho más que empezar y ya había acabado.
Hubiera podido seguir y seguir,
aplastando uno tras otro. Si es verdad
que el hombre es un lobo para el hombre, ¿qué pueden esperar
unas simples tijeretas cuando hay sed de sangre?
Me senté para que se me calmara el corazón.
Tenía la respiración agitada. Miré
toda la mesa alrededor, lentamente. Preparado
para todo. Mona, siento decirte esto,
pero no pude probar la tarta.
La guardé para más tarde, quién sabe.
Gracias, de todos modos. Eres encantadora por acordarte
de mí, aquí solo este invierno.
Viviendo solo.
Como un animal, pienso.


Raymond Carver

a Hans Magnus Enzensberger le roban la maleta

/ 04 enero 2026 /


Entre algún libro y varios folletos y revistas
y el aviso de pago de una letra
ayer llegó la carta desde Berlín Oeste
trajo malas noticias de Enzensberger
y mi mujer y yo nos quedamos pensando
en los días que estuvo en Barcelona
cuando nos dijo que le acompañáramos
pues quería comprarse una maleta.

Eso de andar rodando por tiendas y almacenes
siempre me resultó desagradable
pero dijo maleta y fue como si todo su futuro
dependiese de que él pudiera andar
en compañía siempre de una bella muchacha
que guardara con mimo sus papeles
apilando sus sweaters pantalones y blusas
por todos los hoteles y lugares del mundo.

Lo mejor es pensar quién entiende o es técnico
en cuestiones como ésta delicadas de suyo
nos dijo mi mujer y Hans y yo asentimos
y al fin se decidió que mi cuñado era
un hombre de experiencia pues ha viajado mucho
y comprende y conoce todas las cualidades
que deben adornar a una buena maleta
y sabe de ocasiones y júbilos y ofertas.

Así ocurrió que fuimos los tres donde el cuñado
y estuvimos hablando buen rato y discutiendo
el modo de actuar y recuerdo que Hans
estaba tan nervioso como quien busca piso
y al fin salimos todos y yo aparqué en Las Ramblas
y en la primera tienda los encontré dudando
anduvimos a otra y a otra y regresamos
y ya no hubo más dudas: en la primera tienda.

Estaba allí esperando con su piel de azabache
y Hans la alzó despacio acarició sus cierres
era por dentro roja como cereza oscura
luego se comprobaron las asas y refuerzos
y vimos que asentía y el cuñado entró en fuego
hasta que la encargada rebajó unas pesetas
y la maleta y Hans ya no se separaron
volaban en un jet al cabo de unos días.

Mas la carta de ayer nos cuenta que en París
no sabe si en un bar o en el hall del hotel
alguien se la quitó y ni la policía
ni el conserje ni nadie pudo darle una pista
así que tuvo que irse como un viudo a Alemania
desde donde escribía y explicaba otras cosas
que mi mujer y yo jamás recordaremos
pues estamos tan solo pensando en la maleta.


José Agustín Goytisolo


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